Capítulo XI: El movimiento comunista internacional ante el fracaso de Octubre 1923


Índice


1.- El fiasco de Octubre 1923 dio lugar a fuertes enfrentamientos en el KPD y en la III Internacional (y donde los arreglos de cuenta no tuvieron poca importancia). Las violentas polémicas en torno a esta crisis mayor del movimiento comunista se extenderán hasta en el V Congreso de la Comintern (17 junio al 8 julio 1924) e incluso más allá, y pesarán en los alineamientos ulteriores de las oposiciones a la curva degenerativa de la Internacional y al estalinismo.

Esquematizando las alineaciones generadas por esta crisis, se pueden identificar las posiciones de:

  • los defensores de lo actuado por el Partido alemán (Radek, Brandler, Thalheimer, Clara Zetkin);
  • la nueva mayoría circunstancial del KPD (desprendimiento de la vieja corriente mayoritaria, con Kœnen, Kleine, Remmele, Eberlein);
  • los comunistas de izquierda del KPD (Ruth Fisher, Arkadi Maslow, Thaelman), que en su Congreso de Abril 1924 obtendrán la mayoría y la Dirección del Partido;
  • el Ejecutivo de la Comintern (Zinóviev);
  • Trotsky; y
  • la Izquierda Comunista italiana (Bordiga).

Pero no puede entenderse el marco internacional de estas discusiones dejando de lado las polémicas anteriores sobre las cuestiones tácticas en la Comintern y el conflicto ya abierto en el seno del Partido bolchevique entre la “troika” dirigente (Zinóviev, Kámenev, Stalin) y la oposición representada por Trotsky y los partidarios de un “Nuevo Curso”. Este conflicto fue el telón de fondo que en aquel entonces impidió un análisis fecundo de las deficiencias tácticas de la Internacional y la extracción de las lecciones de tamaña catástrofe.

Los conflictos en el Partido bolchevique en los años 1922-1924

2.- Habiendo finalizado la guerra civil con la victoria del poder soviético, a partir de 1922 las luchas de tendencias en el Partido bolchevique asumieron características cada vez más agudas como resultado y reflejo de los gravísimos problemas económicos, sociales y políticos que el poder proletario debió afrontar. Esta situación fue la consecuencia directa del atraso y de la desastrosa situación de la economía del país, y del aislamiento de la Revolución rusa como resultado de la derrota de la primera ola revolucionaria de la posguerra.

Estos enfrentamientos giraron alrededor de dos ejes principales: (a) las vías del desarrollo económico del país (a la espera de poder contar en un futuro más o menos lejano con el aporte del proletariado occidental victorioso en los los países industrialmente desarrollados); y, más específicamente, las políticas que hubieran debido adoptarse en relación al campesinado y la industrialización del país (problema que incumbía no sólo la viabilidad de la alianza del proletariado y del campesinado, imprescindible para el mantenimiento del poder proletario en un país atrasado y fundamentalmente agrícola), sino también los intereses económicos y sociales inmediatos de la clase obrera); y (b) la lucha en defensa o en contra de las tendencias burocráticas crecientes en el Partido y en el Estado soviético.

Aquellos trágicos acontecimientos tuvieron una influencia determinante sobre el curso de la Revolución rusa, sobre la curva degenerativa de la Internacional Comunista y sobre la victoria final de la contrarrevolución estalinista.

Para no alejarnos del tema central que nos ocupa, digamos que las luchas de tendencia en el Partido bolchevique opusieron en el período 1922-1924 la troika Zinóviev-Kámenev-Stalin1 a Trotsky (Comisario de Guerra y Jefe del Ejército Rojo), a Rakovsky (Presidente de la República Soviética de Ucrania) y a miembros de la Oposición que comprendía, entre otros, a Piatakov, Préobrazhenski, Radek, Smirnov, Antonov-Ovseïenko2/3/4.

Desde una perspectiva histórica, hoy puede decirse que la tendencia que tenía a Stalin como máximo exponente representó la defensa del desarrollo capitalista a secas de la sociedad y de los intereses meramente nacionales del Estado ruso, mientras que las distintas oposiciones representaron los intereses del proletariado ruso y de la Revolución comunista internacional5. En cuanto a Zinóviev y Kámenev, cuando en 1925 ellos y sus partidarios pactarán, contra la corriente representada por Stalin, una alianza tardía (y finalmente derrotada) con Trotsky y la Oposición de 1922, debieron reconocer que su alianza pasada con la fracción de Stalin constituyó el mayor error político de sus vidas (incluso peor que su oposición a la insurrección de Octubre 1917).

Aquella lucha de tendencias tuvo como consecuencia colateral la imposibilidad de extraer lecciones provechosas del desastre alemán. Ello fue producto de la influencia determinante del Partido bolchevique en la Internacional, y de la posición de Zinóviev a caballo de la Dirección de la Comintern y del Partido ruso en un momento crítico del curso de la Revolución rusa. Más aún cuanto que la Oposición bolchevique vio prohibida su participación en la discusión sobre la debacle del KPD en el marco de la IC6. Fue en ese clima de tensión extrema en el Partido bolchevique que la discusión del desastre alemán fue propulsada al primer plano de la Internacional.

Las tesis de Radek-Brandler aprobadas por el Comité Central del KPD

3.- La primera reacción oficial del KPD fue la aprobación por el Comité Central de Tesis sobre la situación en Alemania (adoptadas el 4-11 por 43 votos contra 13). Redactadas por Radek y Brandler, las Tesis estuvieron impregnadas de una fraseología hueca y extremista que expresaba toda la desorientación de la dirigencia del Partido.

Más allá de todos sus errores de apreciación sobre el momento histórico resultante de la debacle de Octubre 1923, lo notable de las Tesis de Radek-Brandler fue no cuestionar ni por asomo la acción del KPD a lo largo de ese año crucial.

La ofensiva burguesa en curso, la destitución del Gobierno de Sajonia y los poderes excepcionales ortorgados al Reichswehr fueron calificados de “victoria del fascismo”, lo que hubiera significado la destrucción de la República democrática.7

Esta interpretación oponía la democracia burguesa a la dictadura cívico-militar resultante del voto de plenos poderes otorgados al Gobierno Stresemann y al Reichswehr, olvidando que la democracia burguesa es siempre una dictadura de clase ejercida a través de las instituciones y organizaciones estatales, y que en ciertos momentos cruciales esa dictadura se ejerce abiertamente dando curso a toda la violencia de la que es capaz. Contrariamente a lo afirmado por las Tesis, fue gracias a ese Estado de excepción que la República de Weimar pudo conservar sus instituciones democráticas al descartar el riesgo de la insurrección comunista, e inmediatamente después los planes insurreccionales del Partido nacional-socialista. Se requerirán aún 10 años más para ver concretada la victoria del fascismo alemán y el entierro de la República de Weimar. El Estado de emergencia votado por el Parlamento en noviembre de 1923 sólo se prolongó hasta el 28-2-19248.

Atribuyendo la pasividad de la clase obrera ante la la ofensiva cívico-militar a la permanencia formal de la democracia representativa (y por consiguiente a las ilusiones democráticas radicadas en las masas), las Tesis descargaban al KPD de toda responsabilidad por la ausencia de reacción del proletariado.

Tras denunciar a sus antiguos aliados (la socialdemocracia de izquierda) como agentes del fascismo9, las Tesis de Radek y Brandler afirmaban que la insurrección proletaria seguía estando al orden del día.

Apenas dos semanas después de una retirada sin combate y del derrumbe ante los ojos del proletariado todo de su estrategia defendida durante dos años basada en el frente único con la socialdemocracia, el KPD en plena retirada pretendía efectuar un giro táctico de 180 grados, ¡y esperaba de la clase trabajadora que ésta se prepare ya a la lucha insurreccional por la dictadura proletaria tras la dirección clarividente y exclusiva del Partido comunista!10

Habiendo perdido a su aliado, y considerando que el supuesto fascismo impedía todo recurso a las instituciones del Estado democrático como trampolín para la conquista del poder (como lo hubiera debido ser el “gobierno obrero” de Sajonia y Turingia), al proletariado no le quedaba otro camino que la lucha directa por la dictadura proletaria11.

Excluyendo toda posibilidad de que la burguesía alemana llegase a superar tanto la situación de crisis económica y social en de Alemania como la cuestión de las reparaciones, y contrarrestar las tendencias centrífugas que tendían a desmembrar al Estado alemán (Baviera y Renania), el KPD volvía a postularse como el Partido de la salvación nacional, jurando luchar por la unidad de un nuevo Reich.12

Quedaba aún por explicitar la táctica que hubiera debido guiar la acción del KPD. No teniendo ya con quien concretar un frente único “por arriba”, la unidad del proletariado sería efectivizado por el Partido comunista gracias al frente único “desde abajo”. Pero, ante todo, el documento debía explicar la razón de ello. Esta residía en la traición de la socialdemocracia.

El KPD realizará la unidad del frente del proletariado. Lo intentó, incluso a costa de las negociaciones con los líderes de la socialdemocracia. Aceptó entrar en el Gobierno sajón para aumentar, a través de la coalición con la socialdemocracia sajona, la cohesión del proletariado e impedir la conjunción de los fascistas del Sur y del Norte. La traición de los líderes socialdemócratas privó al proletariado de los frutos inmediatos de esta táctica. La clase obrera constata que hemos querido la unidad y la acción, y que sólo los líderes de la socialdemocracia la entregaron al enemigo. La unidad del frente del proletariado requiere ahora la eliminación de los líderes socialdemócratas – cadáveres que se han convertido en fuentes de contaminación – del movimiento obrero. La unidad del frente proletario se creará desde abajo. El KPD se dirigirá por doquier a los trabajadores socialdemócratas y les exclamará: ¡Rompan con los que traicionan al proletariado! ¡Uníos bajo la bandera del comunismo!”.

Recordemos que la justificación del frente único político con la socialdemocracia y la del “gobierno obrero” con participación comunista era la necesidad de crear condiciones favorables para que las masas constataran por sí mismas la traición de sus dirigentes. Se trataba entonces de adaptarse a las ilusiones de las masas atrasadas yendo hasta compartir responsabilidades gubernamentales con la socialdemocracia. Tras la traición esperada, el KPD se sentía libre de toda responsabilidad ante una situación catastrófica consecutiva a ese frente único y a ese gobierno de coalición. Esa responsabilidad sería sólo de incumbencia de la sociademocracia, mientras que el KPD estaría libre de culpa y cargo.

Ahora bien, las tácticas del frente único y del “gobierno obrero”, tal como fueron preconizadas por el IV Congreso y por el Congreso de Leipzig, suponían que la traición previsible de la socialdemocracia crearía una autopista para la acción del Partido Cmunista a la cabeza de las más amplias masas obreras. Desmintiendo estas meras elucubraciones, el KPD emergió de los acontecimientos de 1923 en plena crisis y el proletariado alemán sufrió una derrota histórica de la que ya no podrá levantarse.

Retomando una vez más el hilo conductor de la “Línea Schlageter” [§X-15 y 17], el documento afirma que:

“El KPD ha demostrado a través de sus campañas contra el Tratado de Versalles y contra el abandono del Ruhr que es el único partido nacional en Alemania. (…) Se pondrá en contacto con el Reichswehr y la marina, la policía y las organizaciones nacionalistas13: les dará a elegir entre el desmantelamiento del Reich, la deshonra nacional, y la lucha por una libre Alemania del trabajo”.

Las Tesis concluyen haciendo ostentación de un optimismo sorprendente e irrealista (“la lucha final podría producirse en las próximas semanas”) y hacía alarde de una combatividad verbal como para redimirse de la deserción del mes de Octubre14.

Las caracterizaciones enunciadas por Branlder y Radek carecían de toda sustentación. No era el fascismo quien estaba en el candelero, sino la dictadura férrea de la democracia. Habiendo consolidado su poder en el frente interno gracias a su alianza con el Reichswehr y alejado el peligro revolucionario, la democracia alemana pondrá coto a las tendencias centrífugas y regionalistas que afectaban al Estado, tendrá las manos libres para negociar el retiro de las fuerzas de ocupación del Ruhr y alejará por un decenio la victoria del fascismo.

Las primeras reacciones del CEIC

4.- La ofensiva del CEIC (representado por Zinóviev) contra la Dirección del KPD y contra Radek fue in crescendo a partir de los primeros días de diciembre, hasta alcanzar en el V Congreso de la ICl una extrema violencia (que se explica por la lucha por la supremacía de tendencias en el Partido bolchevique y en la Internacional15). Pero, en un primer momento, Zinóviev mismo dio su aprobación a la actuación del KPD e hizo recaer el fracaso del Octubre alemán en la cuenta exclusiva de los aliados socialdemócratas.

En el séptimo capítulo de su serie de artículos sobre la Revolución alemana, publicado el 22-10, Zinóviev había escrito que “no cabe duda de que la táctica del frente único ha tenido un verdadero gran éxito en Alemania, que el Partido comunista la ha aplicado correctamente, que las dudas pasadas y actuales de algunos comunistas de «izquierda» carecen de fundamento16. Y en su décimo capítulo del 1 de noviembre había añadido que el gobierno de coalición “no pudo ejecutar” las tareas que se le asignaron debido exclusivamente a la actitud obstruccionista de los socialdemócratas17.

Zinóviev inicialmente justificó como correcta la decisión de cancelar la orden de insurrección (aunque ya entonces empezó a tratar de deslindar responsabilidades haciendo genéricamente mención a “errores y debilidades” del KPD)18.

A inicios de diciembre (la fecha exacta es incierta) tuvo lugar el primer ataque en regla de Zinóviev contra la Dirección del KPD, ataque que se concretó en una carta confidencial enviada a la Zentrale con el consentimiento de todo el Ejecutivo (Trotsky incluido19).

“El error político ha sido una consecuencia necesaria de vuestra exageración del nivel de preparación política y técnica. Nosotros, aquí en Moscú, como lo debéis saber bien, veíamos el ingreso de los comunistas en el Gobierno sajón como una maniobra estratégico-militar. Vosotros la habéis transformado en un bloque político con los socialdemócratas “de izquierda” que os ha atado las manos. Nosotros pensamos vuestro ingreso en el Gobierno sajón como una manera de conquistar un terreno de despegue a partir del cual desplegar nuestras fuerzas armadas. Vosotros habéis transformado la participación al Gobierno sajón en una banal coalición parlamentaria con los socialdemócratas. El resultado de ello ha sido nuestra derrota política. Y lo que es aún peor, ocurrió algo que se parece a una comedia. En una batalla se puede sufrir una derrota. Pero cuando en la víspera de una insurrección un partido revolucionario se vuelve ridículo, eso es peor que una derrota. En el Reich el Partido no ha puesto en práctica una política que hubiera podido y debido servir de primer paso para la lucha decisiva. No hubo ninguna medida revolucionaria decisiva. Ni un solo discurso comunista, ni siquiera uno solo parcialmente claro. Ni una sola medida seria para acelerar el armamento de los obreros sajones, ni una sola medida práctica para crear consejos obreros en Sajonia. En vez de todo ello, hubo un «gesto» de Böttcher, quien declaró que no abandonaría el edificio del Gobierno hasta que no fuese expulsado por la fuerza. Camaradas, no es esta la manera de preparar una revolución”.20

De un extremo al otro, la carta de Zinóviev estaba impregnada de mala fe. En primer lugar, era una simple visión mental falsamente inocente pretender que la entrada en funciones de tres comunistas en otros tantos ministerios del Gobierno sajón (entrada impuesta por el CEIC) representaba una “maniobra estratégico-militar”, a menos de caer en un fetichismo gubernamental que haría de comunistas nombrados en altos puestos del Estado burgués verdaderos alquimistas capaces de transformar el plomo en oro.

La entrada de comunistas en el Gobierno de Zeigner había sido justificada por el CEIC para poder armar 50.000 o 60.000 obreros y a las Centurias proletarias. Esto hubiera podido ser parcialmente hecho si la policía hubiese respondido mayoritariamente a una voluntad política del Gobierno en ese sentido. Pero esa voluntad política por parte del “gobierno obrero” no existía a pesar de las declaraciones de intención del “partener” socialdemócrata. Y en política creer en meras promesas verbales es una marca de inconsciencia o estupidez. Además, la policía sajona se alineó como un solo hombre detrás de la decisión del Reichswehr de someterla a su mando jerárquico. En otras palabras, la única posibilidad que el proletariado sajón se armarse masivamente hubiese sido, como fue el caso en España en julio de 1936, tomar por asalto los cuarteles y las comisarías (lo que además hubiese podido provocar quizá la adhesión de algunos sectores de las fuerzas armadas y de seguridad). En otras palabras, dar inicio a la insurrección.

Zinóviev achacó a los comunistas alemanes el haber realizado un bloque político con la socialdemocracia de izquierda. Pero ese bloque político ya existía desde marzo 1923, desde la constitución del Gobierno Zeigner (quien se mantenía gracias al apoyo parlamentario del KPD). Y fue por la voluntad expresa del CEIC que ese bloque político (que hasta ese momento sólo era un pacto “meramente” parlamentario) se transformó en una alianza gubernamental, cuya defensa hubiera debido ser (según el plan concebido en las reuniones del CEIC con los delegados alemanes en los meses de septiembre-octubre) el inicio de la lucha insurreccional de masas de todo el proletariado alemán.

La reculada de la socialdemocracia de izquierda era la prueba de que todo el plan elucubrado en Moscú no tenía base de sustentación. Dar crédito a las intenciones “revolucionarias” de aquélla era constituirse prisionero de sus propias ilusiones. Por ello mismo, la alianza gubernamental con la socialdemocracia no podía ser ni más ni menos que una banal coalición incapaz de tomar ninguna medida revolucionaria. La prueba de ello fue que el intento fallido del KPD de declarar la huelga general fue hecha el 21-10 en la Conferencia de organizaciones obreras de Chemnitz, y no a través de una decisión del “gobierno obrero” con participación comunista.

Zinóviev acusó a la Dirección alemana por no haber promovido la formación de Consejos obreros (Soviets) en Sajonia. Pero él sabía perfectamente que en las reuniones conjuntas del CEIC con los delegados alemanes se había decidido postergar la formación de los soviets (inicialmente propuesta por Zinóviev) para después de la victoria insurreccional.

Lo único cierto en el panfleto acusador del CEIC era que el KPD había sido incapaz de llevar a cabo una política eficaz de preparación de una insurrección victoriosa, (pero el CEIC mismo tuvo en ello una responsabilidad directa) y que su decisión de no librar batalla tenía consecuencias peores que una derrota en campo raso (pero Ziníviev mismo se había declarado de acuerdo con esa reculada). Pero la carta del CEIC no era más que un enunciado descriptivo que no explicaba ni siquiera mínimamente las razones de tamañas deficiencias.

Los balances de Brandler, Thalheimer y Clara Zetkin

5.- La carta del CEIC provocó rápidamente la escisión de la antigua mayoría del Comité Central del KPD, dejando en minoría a Brandler, Thalheimer y Zetkin (catalogados “de derecha”). La nueva mayoría (tildada de “centrista”), representada por Kœnen, Kleine, Remmele y Eberlein, hacía suya las críticas de Zinóviev, sin aceptar las posiciones de la tendencia de izquierda (Ruth Fisher, Arkadi Maslow, Thalmann). Es a partir de entonces que las polémicas y las acusaciones se dispararon en todas las direcciones.

Rechazando las acusaciones del CEIC, Brandler y Thalheimer publicaron ulteriormente un documento para extraer sus propias lecciones de la retirada sin combate de Octubre 192321. Para estos defensores de la línea seguida anteriormente por el KPD, la retirada habría sido una necesidad objetiva no imputable a errores de táctica de la Zentrale. La responsabilidad política de la reculada le era esencialmente atribuida a errores de apreciación del CEIC.

La causa principal del fracaso de Octubre estaría dada por la influencia dominante de la socialdemocracia sobre la clase obrera, quien no estando ganada aún a los principios del comunismo, no estaba todavía dispuesta a lanzarse a la lucha por la dictadura del proletariado. La culpa no era del Partido, sino de la clase obrera que no estaba decidida a seguirlo22. El error del CEIC consistía en estimar en forma incorrecta (a pesar de las objeciones emanadas de la Zentrale alemana) la relación de fuerza real entre el KPD y el SPD.

La indigencia de semejante “argumentación” era estupefaciente. Tras meses y meses de grandes luchas y de movilizaciones incesantes de las más amplias masas trabajadoras apremiadas por la miseria más acuciante, en medio de una crisis política, económica y social que englobaba a los más extensos sectores sociales, y tras lograr el control de las organizaciones obreras más activas (Comités de fábrica y Centurias proletarias), la imposibilidad para una dirección supuestamente revolucionaria de llegar a canalizar la insurgencia de masas hacia la conquista del poder sería exclusivamente imputable a las masas no suficientemente esclarecidas, y para nada a las deficiencias de la acción política de la vanguardia comunista.

Quedaba por explicar entonces cómo fue que el KPD se preparó y participó en un plan político-militar para llevar a cabo una insurrección que era ahora calificada de inoportuna. El documento atribuye la culpa de semejante “despropósito” al CEIC (quien fue el que impuso ese plan de acción).

Lo que seguía era una secuencia de “errores” (que en realidad no tendrían razón de ser si hubiese sido cierto que la situación en Octubre 1923 no estaba suficientemente madura para encarar la lucha por el poder), secuencia de enunciados que no eran más que una serie de generalidades sin ningún contenido concreto: • la fijación prematura de una fecha para la insurrección que no correspondía a la situación; • una insuficiente preparación política (sin mayores precisiones); • la ausencia de coordinación suficiente entre la preparación militar y la acción política (idem); • la insuficiencia del esfuerzo para ganar en Sajonia y Turingia a los obreros socialdemócratas en detrimento del SPD; • una insuficiente preparación de la resistencia armada contra la reacción aprovechando las posiciones gubernamentales en Sajonia y Turingia [¿y cómo se podría haberlo hecho entre el 12 y el 21 de octubre por obra y gracia de los 3 sillones ministeriales ocupados por los ministros comunistas?, ndr.]; • la dificultad para adaptar las organizaciones del Partido comunista a las exigencias de la guerra civil.

Los argumentos mencionados en el documento de Brandler-Thalheimer para justificar la renuncia a la huelga general y a la insurrección eran indefendibles. Si tal hubiese sido la situación en ese momento no hubiera tenido ningún sentido fijar la fecha de la insurrección para ese 21 de Octubre, mientras que sí se hubiese planteado el problema de qué otra respuesta oponer a la ofensiva del Reichswehr.

Dejando de lado el reconocimiento de esos “errores” sobre los cuales el documento no daba ninguna precisión23, el único argumento esgrimido por sus autores era que en Octubre 1923 la inmensa mayoría del proletariado no estaba políticamente preparada para participar en – o apoyar a – una lucha revolucionaria para la conquista del poder. Lo que hubieran debido demostrar. Y si ese hubiera sido el caso, el documento no abordó las razones políticas por las cuales, tras 10 meses de crisis generalizada de la sociedad burguesa, el Partido comunista no había logrado prepararlas para dicho desenlace.

Casi 8 meses después, en el V Congreso de la Comintern, Clara Zetkin, otra destacada dirigente de la corriente de derecha del comunismo alemán, hizo su propio análisis de aquellos acontecimientos para defender la decisión de la retirada sin combate. Para ella, la Zentrale no había sabido reconocer la situación revolucionaria creada por la invasión del Ruhr. Su argumentación equivalía a una ejecución en regla de toda la actuación del KPD a lo largo de 1923, y de las posiciones políticas que ella misma había defendido en el Congreso de Leipzig sobre el “gobierno obrero”24 [§X-6].

Pero lo que Clara Zetkin se abstuvo de explicar era la causa fundamental de todos los errores cometidos por el KPD y que ella misma denunciaba: la búsqueda incesante y compulsiva de un frente político con la socialdemocracia como condición sine qua non de un auge revolucionario.

A partir de allí Clara Zetkin justificó la reculada sin combate ordenada por la Central.

“Aquí se ha afirmado que la retirada ordenada por el Partido no correspondía a la voluntad revolucionaria de las masas y del Partido. No es justo. Las masas no estaban preparadas.”

“Si tenemos en consideración la situación de octubre de 1923, debemos decirnos que Brandler, al no aceptar el combate, no sólo actuó como inevitablemente había que actuar, sino que además prestó un gran servicio al Partido. En el caso contrario el Partido se hubiera hecho añicos, y la flor y nata del proletariado de Sajonia y Turingia hubiera perecido”.25

Fue Trotsky quien se encargó de desmentir vigorosamente tanto las afirmaciones de Brandler-Thalheimer como las de Clara Zetkin sobre la supuesta falta de disposición de las grandes masas trabajadoras alemanas para su participación, en Octubre 1923, a una lucha revolucionaria de carácter insurreccional.

En realidad, lo que Clara Zetkin dejó de señalar (y que Trotsky no pondrá de relieve) fue que las masas proletarias alemanas, abrevadas de “frentes únicos” por el Partido comunista a lo largo de dos años, a lo que no estaban preparadas era a una lucha revolucionaria encabezada exclusivamente por el Partido comunista. El fiasco del Octubre alemán, consecutivo al rechazo por parte de la socialdemocracia de izquierda a participar en el desencadenamiento de la huelga general concomitante con el intento insurreccional, era imputable precisamente a ese error táctico garrafal de hacer del “frente único” el eje central de la preparación y de la ofensiva revolucionarias (cuando en sus inicios dicha táctica fue concebida como la manera de ganar una influencia decisiva sobre el proletariado en una situación en que éste se hallaba a la defensiva) [§VII-13].

Las tesis de la nueva mayoría provisoria

6.- En diciembre 1923 la nueva mayoría provisoria26 publicó sus propias Tesis sobre el tema27. Estas Tesis son un conglomerado de afirmaciones y constataciones que no cuestionan fundamentalmente la línea política y la táctica pasada del KPD. Con un fuerte tono acusador, como mucho sus reproches no conciernen más que las “insuficiencias” en la aplicación de lo que hubiera debido ser la “verdadera” interpretación de las Tesis del IV Congreso y del Congreso de Leipzig.

A diferencia de la evaluación de Brandler-Thaheimer, ellas reconocen que “la situación en Alemania, antes y durante los acontecimientos de octubre, era objetivamente revolucionaria”. La reculada del Partido le era achacada enteramente a las “debilidades de organización, militar o técnica, a la desproporción de las fuerzas en presencia”, lo que se explicaría “sobre todo por las faltas de táctica y de estrategia que el Partido ha cometido, por su manera de actuar con miras a la conquista de la mayoría del proletariado”.

Los errores principales de la Dirección resultarían del:

  • No reconocimiento del alcance de “las grandes acciones de masas en el Ruhr, en Alta Silecia y durante la huelga general contra el Gobierno Cuno”.
  • La ausencia de preparación de una insurrección armada a partir de la invasión del Ruhr y del Gobierno Cuno, preparación que recién comenzó poco antes de la ofensiva militar del Reichswehr en el mes de octubre.
  • No es superfluo señalar que el CEIC no hizo la mínima sugerencia en ese sentido durante los 8 primeros meses de 1923, ni en la Conferencia de Moscú del mes de abril, ni en el III Ejecutivo Ampliado del mes de junio.
  • La retención de las luchas obreras a la espera de poder asestar el “golpe decisivo”.
  • Probablemente esta observación se refiera a la reculada del mes de julio ante la prohibición de manifestaciones callejeras en la Jornada Antifascista, y al esfuerzo del KPD por evitar que los movimientos de masas del mes de septiembre se transformaran en enfrentamientos generalizados. En cuanto a las luchas en el Ruhr, la Conferencia de Moscú del mes de abril había desautorizado a la Izquierda alemana por querer radicalizar (según la teoría de la ofensiva) los movimientos sociales en esta región, estableciendo los criterios para poder hacerlo [§X-12].
  • No haber insistido en la política del frente único.
  • Este reproche era muy injusto en el caso de un partido que hizo del frente único y del “gobierno obrero” los ejes centrales de su propaganda y proselitismo.
  • No haber ligado estrechamente su objetivo supremo: la dictadura del proletariado, a las reivindicaciones del período de transición y a las luchas parciales”.
  • Este reproche sí era justo, pero de parte de esta corriente era tanto más sorprendente cuanto que toda la impostación del KPD (y del CEIC) estaba orientada a la formación de un “gobierno obrero” como trampolín para el establecimiento ulterior de la dictadura del proletariado.
  • Haber desconocido “el papel y el carácter de los líderes de la socialdemocracia de izquierda y mantenido en sus propios rangos la creencia ilusoria de que estos líderes estaban listos para participar en las acciones de la vanguardia obrera28.
  • Esta acusación también era pertinente, pero no está de más señalar que era al mismo tiempo una condenación definitiva de la argumentación en apoyo de la táctica del frente único político con la socialdemocracia y del “gobierno obrero”, según la cual los líderes socialdemócratas – o un sector de ellos – estarían obligados (empujados por sus bases, que la situación no dejaría de radicalizar) a transitar un tramo de la lucha revolucionaria.
  • No haber aprovechado, como hubiera podido, las posiciones avanzadas [sic] que el Partido ocupaba en los gobiernos de varios Estados alemanes, para llevar a cabo la movilización de las masas con miras a una resistencia organizada.”
  • Esto significaba aceptar la justeza de la participación gubernamental en Sajonia y Turingia. Y además era un argumento absurdo, rayano al cretinismo gubernamental, al pretender que los tres ministros comunistas de Sajonia, y otros tantos de Turingia, aprovechando exclusivamente sus funciones ministeriales (tildadas de “posiciones avanzadas”), hubieran podido movilizar a las masas. Quien hubiera podido movilizarlas era el Partido a través de los Consejos de fábrica, los Comités de control de precios, de los Sindicatos y de las Centurias. Como mucho, los ministros comunistas hubieran podido decretar en el papel medidas revolucionarias… siempre y cuando sus aliados socialdemócratas las hubieren aceptado, lo que era más que dudoso para estos representantes respetuosos de la legalidad republicana. Pero también podían desmovilizarlas, haciéndoles pensar que el Gobierno se ocupaba de ello. Esas elucubraciones en torno a un “ministerialismo revolucionario” llevaban al absurdo de querer promover una insurrección contra el aparato estatal a partir del aparato estatal mismo. La confusión que ello debía provocar en las masas no podía dejar de ser un importante factor de desmovilización.
  • Sólo haber hecho preparativos con miras a la lucha final para la conquista del poder político, rehusando y oponiéndose al mismo tiempo a la organización de acciones parciales por reivindicaciones parciales apoyadas con medios y métodos de combate menos agresivos”.
  • Esta acusación, tildada de “error más grave del plan estratégico”, puede concernir sobre todo el período de septiembre-octubre, y no está fundamentada con ningún ejemplo concreto. Después de las grandes huelgas de julio y agosto que llevaron a la caída de Cuno y a la formación del Gobierno Stresemann, las movilizaciones obreras habían amainado aunque no desaparecido. Las masas necesitaban extraer las lecciones de esa derrota y de la inanidad de la lucha por la consigna de la formación de un “gobierno obrero” agitada por el Partido comunista. La única respuesta realista ante esos interrogantes hubiera debido ser la lucha por la dictadura del proletariado, aunque probablemente ya era demasiado tarde para efectuar el giro de 180° en la propaganda y la agitación requerida por toda la situación. El Partido comunista ya era una locomotora lanzada a alta velocidad contra un muro de cemendo armado.
  • Haber evaluado de manera abstracta la relación de fuerzas entre la socialdemocracia y el Partido comunista, lo que sólo podía haber sido hecho en la acción.
  • Este argumento era muy capcioso y, dicho así, falso. La relación de fuerzas entre dos corrientes puede ser hecha de muchas maneras. En particular, por la influencia y representatividad de una y otra corriente en las organizaciones de masas. Y el Partido comunista tenía una influencia decisoria en la organización nacional de los Consejos de fábrica y en sectores sindicales importantes, y una voz cantante en el seno de las Centurias proletarias. Ello había llevado a concluir hacia el mes de agosto que el KPD ya había ganado a “la mayoría” de la clase obrera, y en todo caso a sus sectores más activos. Además, había sido el Partido comunista el único que participó de manera activa en las grandes movilizaciones de julio-agosto. Lo que sí era cierto es que el 21 de Octubre la capacidad del Partido comunista para arrastrar a sectores obreros decisivos en la lucha insurreccional, sin la participación de la socialdemocracia de izquierda, sólo hubiera podido ser evaluada por medio de un llamado a la huelga general y del intento insurreccional mismo.
  • Haber atribuido una importancia exagerada al número de fusiles disponibles y minimizado el factor subjetivo y el espíritu de sacrificio de las masas galvanizadas por la vanguardia (dando como ejemplo los acontecimientos de Hamburgo).
  • Ahora bien, el ejemplo de Hamburgo sólo podía ser mencionado como prueba del coraje y de la decisión de sacrificio de los militantes comunistas, no como testimonio de la posibilidad de arrastrar tras de sí a las grandes masas obreras.
  • La escasez de armamentos también fue esgrimida por Brandler, después de haber decidido la retirada, como justificación de la decisión ya tomada. El haber justificado la reculada con motivos de naturaleza técnica o de orden militar era una manera de evitar discutir los verdaderos motivos de la misma, que eran todos de orden político. Ello hubiera cuestionado de raíz toda la táctica y la estrategia del KPD (y de la Internacional) desde hacía dos años.
  • Haber concebido un único el plan de acción a partir de la defensa de las posiciones logradas en Alemania Central (Sajonia y Turingia).
  • Esto era muy cierto. Pero lo que las Tesis de la nueva y efímera mayoría no dijeron fue que el KPD había basado toda se propaganda y agitación en torno a la formación y defensa de “gobiernos obreros”, y que los únicos “gobiernos obreros” disponibles eran los de Sajonia y Turingia. El KPD quedó entrempado en ese plan de acción como resultado de su línea política general.

Las Tesis no pudieron dejar de constatar los resultados catastróficos de la retirada sin combate: • la confusión en las masas; • la pérdida de confianza de las grandes masas en el Partido comunista; • la incomprensión de los militantes comunistas y de la vanguardia obrera directamente influenciada por él; • el reforzamiento del enemigo; • la dificultad para encarar futuras luchas revolucionarias.

En cuanto a las perspectivas, las Tesis concluyen afirmando de manera optimista que “se debe esperar en los próximos meses una agravación seria de la situación y una gran acción de las masas proletarias”.

Detallando los ejes de lo que debería ser el Programa de Acción del Partido, amén de las clásicas consignas de resistencia contra la ofensiva burguesa en defensa de los trabajadores y de los desocupados, y del trabajo en las organizaciones inmediatas de la clase (Sindicatos, Consejos de fábrica, Comités de control de precios), las Tesis mencionan “la destrucción del Partido socialdemócrata” (y esta vez sin hacer distinciones de tendencias) y la propagación de la consigna exclusiva de la “dictadura del proletariado” (sin mención alguna a posibles “gobiernos obreros”), lo que constituía un cambio de ruta importante para la orientación política del KPD.

Sin embargo, lo improvisado de estas Tesis y el trabajo de remiendo a la base de su confección aparece nuevamente cuando, entre las tareas relativas a la política del Partido, afirman la necesidad del “mantenimiento, perfeccionamiento y metódico empleo de la táctica del frente único, conforme a las decisiones de los Congresos de la Internacional Comunista”. En efecto, según las Tesis del IV Congreso la consigna del Gobierno Obrero (descartada por las Tesis de la nueva mayoría) era la culminación de la consigna del Frente Único.

Una novedad importante introducida por las Tesis de la nueva mayoría era la decisión de hacer de los núcleos fabriles la organización de base del Partido (en reemplazo de las secciones territoriales)29. Esta proposición será retomada inmediatamente después por el CEIC, quien hará de este modo de organización una norma de lo que se llamará la “bolchevización” de los partidos comunistas.

El balance de la Izquierda Comunista alemana

7.- La posición de la Izquierda comunista fue fijada en un Proyecto de Tesis30 del mes de diciembre presentada por la Federación de Berlín-Brandeburgo.

Este documento afirmaba que la marea revolucionaria, comenzada en el mes de mayo con las luchas en el Ruhr, continuada en la Alta Silesia, en la huelga de los obreros metalúrgicos de Berlín y en el movimiento huelguístico en Sajonia, había alcanzado su punto culminante con las movilizaciones contra el Gobierno Cuno, y concluía diciendo que “la situación objetiva en Alemania, desde el período de huelgas de Agosto a los acontecimientos de Octubre, estaba madura para la conquista del poder por el proletariado”.

Sosteniendo que “las chances de victoria del Parido comunista eran muy grandes en Octubre”, las Tesis sacaban como conclusión que “el Partido hubiera debido entablar la lucha, incluso corriendo el riesgo de una derrota [ya que] ésta hubiera dado al proletariado bellas tradiciones revolucionarias vinculadas al nombre del Partido comunista” (lo que estaría confirmado por la insurrección comunista en Hamburgo).

No cabe duda que la situación objetiva era revolucionaria en los meses de julio-agosto 1923, como tampoco lo cabe que, en ese momento, el Partido no estaba preparado (ni había preparado políticamente al proletariado) para lanzarse él solo a la conquista del poder. Lo que sí era cierto es que una derrota sin combate fue el peor de los escenarios posibles. Luego de la derrota de la Revolución rusa de 1905, Plejánov había sacado como conclusión “que no se debía haber empuñado las armas”. Lenin le respondió de manera lapidaria: “Por el contrario, lo que se debió hacer fue empuñar las armas con más resolución, con más energía y mayor brío31. La capitulación de un Ejército sin combate no puede dejar más que desmoralización, desorganización y desconfianza generalizada en sus propias fuerzas y en sus dirigentes (Estado Mayor y oficialidad superior). Incluso una retirada combatiendo y oponiendo una resistencia encarnizada al enemigo, aún si termina en una derrota, puede reafirmar una voluntad de lucha y la necesidad de preparar mejor la próxima ofensiva.

El documento analiza luego a lúcidamente las causas políticas del fracaso del Octubre alemán:

  • El rechazo del Comité Central de encarar hasta el mes de Octubre la preparación del Partido y de las masas a la lucha por la conquista insurreccional del poder, lo que fue la consecuencia de la campaña permanente del KPD a favor de un “gobierno obrero” socialdemócrata o de coalición.
  • El descuido durante 1923 de todo lo relativo a los preparativos técnico-militares, junto a la ausencia total de preparación política del Partido relacionada con una acción decisiva (lo que no pudo ser reparado tras la Conferencia de Septiembre-Octubre en Moscú).
  • Este argumento se refería probablemente a los relativamente escasos recursos en armamento con que se podía contar en caso de insurrección.
  • La táctica del Frente Unico, sobre todo en Sajonia y Turingia, y la alianza con los socialdemócratas de izquierda.32
  • La agitación de las consignas transitorias en el marco de la democracia burguesa. Lo que llevó al Partido a concentrarse en la cooperación con la socialdemocracia de izquierda y en las regiones de Sajonia y Turingia, descuidando otros frentes de combate como el Ruhr.

El documento terminó fijando sus orientaciones de acción, haciendo gala de un exagerado optimismo respecto a un futuro no muy lejano33.

Luego de los acontecimientos de Octubre, la visión de la preparación revolucionaria, de la Revolución misma y de la función del Partido comunista propia de los dirigentes de la izquierda alemana fue actualizada y desarrollada por Maslow en un artículo de abril 192434. Esta nueva versión concebía un libreto en tres etapas bien delimitadas:

  • en la primera etapa se trataría de hacer posible el reagrupamiento del proletariado luchando por la jornada de 8 horas, por salarios que hicieran posible una existencia humana digna, y por la incorporación de los desocupados en el ejército de los trabajadores;
  • una vez que este reagrupamiento alcanzara un nivel elevado, la segunda etapa estaría centrada en el combate práctico por el control de la producción, la liberación de los prisioneros políticos y el armamento del proletariado (aunque estas consignas debían ser agitadas desde el inicio por el Partido comunista);
  • la tercera etapa, el comienzo de la lucha por el poder, estaría centrada en: a) la conquista de los derechos revolucionarios de los Consejos de fábrica y el comienzo del control de la producción; b) el reagrupamiento de la población trabajadora en organizaciones de tipo soviético; y c) la creación de los soviets y el inicio del ejercicio del poder político.

Esta concepción “ordenada” del proceso revolucionario pecaba por una rigidez etapista, por hacer de la Revolución un problema de formas de organización y por preconizar una especie de “doble poder” político y económico antes de la insurrección.

En cuanto a la función del Partido comunista, la Izquierda alemana dio una “nueva” versión de su “teoría de la ofensiva” adaptada a una situación en las cuales las masas estaban a la defensiva, desconcertadas y desmoralizadas.

Para no perder en esa situación desfavorable su función y el norte revolucionarios, el Partido, – cuya función permanente y central debía ser siempre y en cada ocasión “la organización de la revolución” – hubiera debido conectar de manera indisociable cada lucha parcial a la preparación revolucionari, sin desviarse de las tareas técnico-organizativas de esta última35.

Lo que esta corriente entendía por “organizar la revolución en cada una las luchas parciales” estuvo explicitada en el “Programa de Acción” del KPD adoptadas en su Congreso de Abril 1924:

“[Los] comunistas deben conducir estas luchas cotidianas de manera que la lucha del día a día por las reivindicaciones inmediatas del proletariado sea dirigida en el sentido de la conquista del poder político, aún en el caso en que esas luchas sean estrechamente limitadas. Es importante en esa serie de luchas crear ciertas condiciones necesarias a la lucha por el poder político. Estas condiciones necesarias son: a) ganar la mayoría del proletariado para la lucha por el poder político; b) destruir la influencia de los jefes reformistas y de los demagogos voelkisch36 sobre las capas medias del proletariado; c) el armamento del proletariado; d) comenzar el control obrero sobre la producción; e) crear consejos obreros”.37

Es indudable que esta corriente aglutinaba fuerzas con una real voluntad revolucionaria, las menos contaminadas por tendencias centristas y las más decididas del proletariado alemán, pero su concepción aparentemente extremista del proceso revolucionario – como bien lo caracterizó Lenin – era lo propio de su inexperiencia e inmadurez. Sólo los bolcheviques poseían un backgrown revolucionariopara encuadrarlos, pero para ello no hubieran debido cometer los errores de orientación táctica contra los cuales la Izquierda alemana reaccionó fuertemente rechazando (aunque no de manera absoluta) el frente único con las cúpulas socialdemócratas, el apoyo parlamentario a los gobiernos socialdemócratas monocromáticos y los “gobiernos obreros” de coalición con participación comunista.

Más tarde, en el V Congreso Mundial, se dará la convergencia momentánea y de pura conveniencia entre la Dirección de la Internacional y la Izquierda alemana. Esta convergencia se dio como resultado de la ausencia de toda crítica de esta última en relación al accionar del CEIC, pues ella no cuestionó las Tesis del IV Congreso (que ella misma había votado favorablemente). La Izquierda alemana sólo criticó la aplicación de esas Tesis en Alemania por parte de la Zentrale38. En contrapartida, el CEIC le concedió “la cabeza” de Brandler, haciendo su mea culpa pública por no haber descubierto con anterioridad las tendencias derechistas de este último y de su corriente, que la Izquierda alemana había denunciado constantemente. Ese acuerdo no estaba basado en los intereses supremos del movimiento comunista internacional, sino en los de baja politiquería de tipo parlamentario (tal como Bordiga lo denunciará en un artículo de Octubre 192539).

Las tesis del Presídium de la Internacional Comunista

8.- El CEIC desarrolló su análisis del fiasco en la reunión del Presídum que tuvo lugar entre el 11 y el 19 de enero de 1924, con la participación de Zinóviev, Bujarin, Radek y Piatnitsky como delegados del Partido ruso40 y de representantes de las tres corrientes del Partido alemán41. Zinóviev hizo aceptar por el Presídium las Tesis42 que fueron redactadas por una comisión ad-hoc con la participación de Kuusinen (del Ejecutivo), de Remmele, Kœnen, y Pieck, y de Maslow y Thaelmann. Tras una primera oposición de Radek y Clara Zetkin, las Tesis fueron aceptadas finalmente por unanimidad en aras de una “unidad” de fachada43. Al margen de la Reunión del Presídium tuvo lugar la XIII Conferencia del Partido bolchevique, donde Zinóviev intervino exponiendo su análisis personal y personalista del fracaso alemán.

Con algunos agregados impuestos por el CEIC, las Tesis adoptadas por el Presídium fueron un compromiso entre las afirmaciones inconsistentes y eclécticas de las Tesis propuestas por la nueva mayoría de la Central alemana [§XI-6] y de las Tesis de la corriente de izquierda [§XI-7].

Entre las causas de la debacle de Octubre, las Tesis

  • Admiten que el reconocimiento tardío de la madurez revolucionaria de la situación era atribuible no sólo al KPD, sino también al CEIC.
  • Achacan al KPD “no haber desarrollado una viva y enérgica agitación por los Consejos de Diputados Obreros, y no haber vinculado las reivindicacionces transitorias y las acciones parciales al término definitivo de la dictadura del proletariado”.
  • Una vez más, señalemos que la segunda proposición era correcta, pero que el KPD no podía ligar las reivindicaciones transitorias y las luchas inmediatas al objetivo de la dictadura proletaria por la simple razón que toda su estrategia política – compartida por el CEIC – estaba basada en la formación de “gobiernos obreros” socialdemócratas o de coalición.
  • Reiteremos que cuando se planteó la preparación de la insurrección después de las huelgas contra el Gobierno Cuno, la Conferencia de Moscú de septiembre-octubre descartó el llamamiento a su constitución hasta después del triunfo insurreccional.
  • Una agitación con vistas a la constitución de los Consejos Obreros era totalmente factible en los meses de Julio-Agosto a condición de haber apuntado en el período precedente a la lucha por la dictadura del proletariado, y no a un “gobierno obrero” socialista o de coalición como era el caso en Alemania44.
  • Hablan de la “insuficiente atención acordada al movimiento de Comités de fábrica, lo que hizo perder la ocasión de confiarles temporalmente el papel de los Consejos obreros, de modo que en las jornadas decisivas no existió un centro cuya autoridad hubiera podido sumar a los obreros indecisos, emancipándolos de la tutela de la socialdemocracia.”
  • Este reproche era totalmente justo, no porque el KPD no había acordado en el pasado toda su atención a los Comités de fábrica, sino porque ante la ofensiva del Reichswehr del 21-10 el Partido comunista planteó el llamado a la huelga general en una Conferencia de agrupaciones obreras heteróclitas con una fuerte representación socialdemócrata. Es evidente que la aprobación del llamado a la Huelga General por parte de la organización nacional de los Consejos de fábrica (donde los comunistas tenían un peso decisorio) hubiera tenido muchas más chances de ser acatada y seguida por el proletariado fabril y arrastrado a amplios sectores de trabajadores dispuestos a la lucha. La cuestión esencial es contestar al interrogante: ¿por qué no lo hizo?
  • Sería muy superficial responder que la Conferencia de organizaciones obreras de Sajonia en Chemnitz ya estaba programada para el 21-10, mientras que la convocada por el Comité de los 15 con representantes de todos los Consejos de fábrica del Reich sólo lo era para el 9-11. El motivo real era político. La Dirección mayoritaria de la Zentrale (tetanizada por la experiencia de la Acción de Marzo) había hecho del frente único con la socialdemocracia (en este caso “de izquierda”) el vector fundamental de su acción política, más aún cuando se trataba de encarar una lucha en defensa de un “gobierno obrero” de coalición.
  • La táctica del frente único adoptada en el Ejecutivo Ampliado de diciembre 1921 y confirmada en el IV Congreso no hacía más que reforzar las tendencias comunistas de corte centrista que pensaban que sólo la unidad de acción con sectores socialdemócratas (“radicalizados” por obra y gracia del empuje de las masas) harían de esas corrientes “la derecha del movimiento obrero”, dejando de ser lo que realmente eran: agentes conscientes de la burguesía en el seno de la clase obrera (en el caso de los socialistas “de derecha”), o las correas de transmisión de toda la ideología democrática y legalista de la pequeña burguesía “progresista” (en el caso de su corriente “de izquierda”).
  • Sostienen que “[el] Partido no vio el carácter y el papel de los líderes de la izquierda socialdemócrata: dejó que sus propios miembros se adormecieran con la ilusión de que, mediante una presión adecuada de las masas, estos líderes podrían verse obligados a actuar en concierto con él…”.45
  • No pudimos resistir a la tentación de transcribir en forma integral el párrafo de las Tesis, aprobadas por unanimidad, que constituyen una rectificación radical y, al mismo tiempo, un entierro de primera clase de uno de los argumentos que, desde diciembre 1921, justificaba la táctica del frente único y del “gobierno obrero” con las cúpulas socialdemócratas.
  • Afirman que “[la] directiva exclusiva y rígida de pasar a la ofensiva decisiva a partir de la defensa de la Alemania Central fue errónea. Ella hizo perder de vista las otras regiones industriales y plazas de armas importantes (…) El error fatal fue para el Partido arriesgarlo todo sin reservas sobre la carta sajona (…)”.
  • Las Tesis olvidan decir que semejante directiva estratégica fue establecida conjuntamente en Moscú por el CEIC y la delegación alemana, y que ella estaba condicionada ineluctablemente por la táctica del “gobierno obrero” y la defensa de los únicos “gobiernos obreros” que existían en Alemania. ¿No decían acaso las Tesis del IV Congreso que era factible que “gobiernos obreros” sean los campeones (provisorios) de la lucha revolucionaria, a tal punto que los comunistas podían formar parte de ellos, como fue el caso en Sajonia y Turingia? Para establecer una estrategia alternativa, que no dependiese de la buena voluntad de la socialdemocracia, se hubiera requerido basar la lucha del Partido comunista por la conquista de las masas y de sus sectores decisivos en la consigna de la dictadura del proletariado.

Las Tesis vuelven a afirmar que, para el CEIC, la participación de ministros comunistas en los gobiernos de Sajonia y Turingia constituía una maniobra de carácter político-militar, y que esa decisión era conforme a las decisiones del IV Congreso. No nos detendremos una vez más en este punto. Las Tesis insisten en poner de relieve las deficiencias en el accionar del KPD, quien entre el 10 y el 21 de octubre hubiera debido capitalizar su participación gubernamental para armar al proletariado, soliviantar a las masas, hacer una campaña activa por la formación de los Soviets, ejercer una presión sobre el Parlamento y los Comités de fábrica para acelerar la adopción de medidas revolucionarias (como la requisición de las empresas de los industriales que saboteaban la producción, y la requisición de alojamientos burgueses) y denunciar las maniobras contrarrevolucionarias … de sus aliados en el Gobierno46.

Señalemos únicamente, que para hacer todo eso y ejercer una presión máxima sobre los socialdemócratas de izquierda, no se necesitaba que el Partido comunista entrara en los gobiernos de Sajonia y Turingia. La decisión del Ejecutivo de hacer participar ministros comunistas en ambos gobiernos fue el resultado de un escenario de ciencia ficción. Esa participación no facilitó, sino que fue un obstáculo a la radicalización de la acción del Partido y del movimiento de masas en Sajonia.

La falta de claridad de las Tesis en la caracterización de la situación política alemana se expresa cuando afirman que “las capas dirigentes de la socialdemocracia alemana no representan en la hora actual más que una fracción del fascismo alemán”, oponiendo de esta manera la democracia a la “dictadura del capital” y al totalitarismo47 (lo que para el marxismo es un sin sentido).

En cuanto a la socialdemocracia de izquierda, las Tesis sostienen que son más peligrosos que los de derecha y rechazan todo tipo de negociación y acuerdo con ella, pero dejan una vez más la puerta entreabierta para el caso de que llegasen a “romper abiertamente con los de derecha”48.

La conclusión táctica que las Tesis extraen de ello se traduce en que el frente único debía formularse desde entonces como un “frente único por abajo”, es decir, “la unión de las masas obreras mismas en la lucha práctica por las reivindicaciones revolucionarias de los obreros contra los capitalistas. La práctica ha demostrado que ésta era la única verdadera respuesta”. Sin decirlo explícitamente, esta afirmación constituía el reconocimiento de la bancarrota de la política de la lnternacional en torno a la táctica del FU desde diciembre 1921.

Más adelante, las Tesis vuelven sobre esta cuestión afirmando de manera lapidaria: “El Partido debe destruir en su seno los últimos vestigios de ilusiones democráticas, y también toda creencia en que la socialdemocracia o los grupos controladas por ella de un punto de vista ideológico u organizativo podrían actuar de manera revolucionaria.

A esa conclusión se llegó desgraciadamente demasiado tarde, una vez que en Alemania la situación revolucionaria había pasado de largo. El “desenmascaramiento” tan esperado de la socialdemocracia no dio para nada el resultado descontado. El Partido comunista pagó un costo elevadísimo por el fracaso de Octubre, y las masas trabajadoras no pudieron más que ver minadas, una vez más, su confianza en la capacidad revolucionaria de la vanguardia comunista que las había llevado a un callejón sin salida49.

La tragedia de la Revolución alemana consistió no solamente en el hecho de que el Partido comunista terminó desertando la lucha en una situación revolucionaria, sino en toda la trayectoria política previa que condicionó ese desenlace fatal.

No nos detendremos en la parte final de las Tesis que se refieren a las tareas inmediatas del Partido. Señalemos únicamente que de manera irrealista (sin tener en cuanta el cambio de situación y las repercusiones que la debacle tendrá inexorablemente sobre el proletariado alemán), ellas afirman que “el Partido alemán mantiene al orden del día la insurrección y la conquista del poder”. Que el Presídium mismo y todas las corrientes del KPD hayan sostenido esa misma ilusión era la expresión de la consternación, confusión, e incluso desesperación, que la debacle del Partido alemán provocó en las filas del movimiento comunista internacional.

9.- La intervención de Zinóviev sobre la cuestión alemana en la XIII Conferencia del Partido bolchevique del 24 de enero (inmediatamente después del fallecimiento de Lenin)50 no añadió otros argumentos a los contenidos en las Tesis del Presídium, salvo por su afirmación de que “si semejantes acontecimientos se repitiesen, nosotros deberíamos volver a actuar de la misma manera51, en particular con la participación de ministros comunistas en el Gobierno Zeigner, participación defendida con el ya trillado argumento de conquistar “una primera base de operaciones52. Zinóviev sólo reconoció que la única equivocación consistió en la previsión del momento de la Revolución y, por consiguiente, en haber evaluado con demasiado optimismo las relaciones de fuerzas en presencia y la preparación del Partido53. Todos los errores eran imputables a la Dirección alemana y a quienes, como Radek, se solidarizaban con ella.

Cinco meses más tarde, en el V Congreso de la Internacional, Zinóviev volvió a hacer un número de equilibrista en torno a la consigna del “gobierno obrero”, consigna que poseería la milagrosa propiedad de hacer que el proletariado pueda instaurar su dictadura sin tener conciencia de ello:

«Digamos francamente que “el gobierno obrero” y el “gobierno obrero y campesino” nos importan sobre todo como método de agitación de las masas para la lucha revolucionaria. (…) La fórmula del “gobierno obrero” es para nosotros la más popular, la más generalmente accesible, la más adaptada a la conquista de las masas. El obrero y el campesino marcharán por el gobierno obrero, y luego advertirán que el gobierno obrero es, precisamente, la dictadura del proletariado”.

«Concluyo una vez más: el gobierno obrero y campesino no es nada más que un método de agitación, de propaganda y movilización de las masas. Como ya lo dije en 1922, es un pseudónimo de la dictadura del proletariado”.54

Contra toda evidencia, Zinóviev, quien impuso con el CEIC – contra la voluntad de Brandler, de los comunistas de izquierda y de los comunistas sajones – la incorporación de ministros comunistas en los “gobiernos obreros” de Sajonia y Turingia (que de dictadura proletaria no tenían absolutamente nada), sostenía ahora que él había sido siempre el defensor de la igualdad: “gobierno obrero” = dictadura del proletariado. Pero como Radek le recordó que en el IV Congreso el mismo Zinóviev había terminado por sostener que, en determinadas circunstancias, los comunistas no debían renunciar a la formación de gobiernos de coalición con partidos no comunistas, gobiernos que no eran sinónimo de “dictadura del proletariado” [§IX-10], Zinóviev se pasó buena parte del V Congreso haciendo malabarismos y figuras retóricas entre su actuación ante los eventos alemanes, el “verdadero” significado de las Tesis del IV Congreso que habrían sido traicionadas por la Dirección del KPD y Radek, y la confirmación de la validez de esas Tesis55. En resumidas cuentas, para Zinóviev el CEIC no había tenido ninguna responsabilidad en el fracaso de la Revolución alemana, y toda la “culpa” debía recaer en las tendencias socialdemocráticas remanentes en el Partido alemán.

Fueron muy significativas en ese sentido las disquisiciones de Zinóviev en torno a las Tesis del IV Congreso sobre el “gobierno obrero”, compungido por haber hecho “demasiadas concesiones que podían parecer matices de redacción, pero en rigor se las transformó en concesiones políticas a la derecha”, como si no fuese de su responsabilidad haber avalado la participación comunista en “gobiernos obreros” de coalición en el mero marco parlamentario.

En defensa de su propio accionar, Zinóviev no dudó en desnaturalizar el contenido de un artículo de Lenin de septiembre de 1917. “En septiembre de 1917, en un artículo Acerca de los compromisos, Lenin habló de un posible acuerdo con los mencheviques y los socialistas-revolucionarios para la formación de un gobierno responsable ante los Soviets:

Nos encontramos – escribe Lenin – en presencia de un viraje tan brusco y original de la revolución rusa, que nuestro Partido puede proponer un compromiso voluntario, no a la burguesía, que es nuestro directo y principal enemigo de clase, sino a nuestros más cercanos adversarios, al partido dominante de la pequeña burguesía democrática, a los socialistas-revolucionarios y a los mencheviques. A título de excepción, y sólo en virtud de una situación especial, que evidentemente habrá de mantenerse poco tiempo, podemos proponer un compromiso a estos partidos, y me parece que debemos hacerlo. Por nuestra parte es un compromiso volver a nuestra reivindicación anterior a julio: todo el poder a los Soviets, gobierno socialista-revolucionario y menchevique responsable ante los Soviets. Ahora, y solamente ahora, quizá en el curso de estos pocos días, de una o dos semanas, un gobierno como éste se podrá basar y consolidar pacíficamente. Podría, con un altísimo grado de probabilidad, asegurar el progreso pacífico de la revolución rusa y, con posibilidad extremadamente rara en la historia y extremadamente preciosa, sí, sólo en nombre de esta posibilidad pueden y deben, en mi opinión, los bolcheviques, los partidarios de la revolución universal, los partidarios de los métodos revolucionarios, consentir en ese compromiso”.

En el momento crucial de la Revolución rusa en que los bolcheviques estaban a punto de conquistar la mayoría en los Soviets de obreros y soldados (es decir, del campesinado), el artículo de Lenin habla de apoyar la formación de un gobierno de coalición entre los socialistas-revolucionarios y los mencheviques responsable ante los Soviets únicamente (y no ante las instituciones parlamentarias burguesas cuyo poder resultaba de la complacencia de esos dos partidos que delegaban el poder revolucionario en los representantes de la burguesía rusa). Ello hubiera significado el traspaso de todo el poder político de la burguesía al proletariado y al campesinado ruso encarnado en los Soviets. Teniendo en cuenta el desplazamiento de las relaciones de fuerza a favor de los bolcheviques en el seno de los Soviets, era altamente probable que rápidamente después el ejercicio del poder pasaría a manos del Partido bolchevique.

Pero en ningún momento, en el período de Febrero a Octubre 1917, ni en ese artículo ni en ningún otro, Lenin propuso la participación del Partido bolchevique en un gobierno de coalición con esos partidos56. Sólo después de haber ganado la mayoría en el seno de los Soviets y tras la conquista insurreccional del poder en Octubre 1917, y con el poder aferrado en sus manos, los bolcheviques propusieron a los socialistas-revolucionarios de izquierda (representantes de la inmensa mayoría de campesinado ruso) participar como laderos en el gobierno revolucionario. Esa fue la concreción, en las condiciones históricas de entonces, de la dictadura democrática del proletariado y del campesinado preconizada por Lenin en “Dos tácticas …”.

Nada en el artículo citado justificaba la pretensión de Zinóviev de invocarlo como argumento a favor de la participación de los comunistas en el Gobierno Zeigner: éste no era la expresión de un poder real en manos de las masas revolucionarias, sino la de un banal acuerdo parlamentario entre los socialistas de izquierda y el KPD. Cuando este último pretendió movilizar a las masas con una huelga general en defensa de ese mismo Gobierno (que de revolucionario sólo tenía el apodo), el castillo de naipes se vino abajo por implosión interna.

10.- Es cierto que existió desde un inicio una diferencia de planteamiento en torno a la cuestión del frente único y del “gobierno obrero” entre la Dirección del KPD y Radek, por una parte, y Zinóviev, Bujarin y Trotsky por la otra [IX-17]. En el caso de los primeros se trataba de una táctica a largo plazo, más allá de las altas y bajas de la lucha de clase por todo un ciclo histórico caracterizado por el reflujo de la lucha revolucionaria y por el hecho de que el movimiento comunista no poseía aún una influencia decisiva sobre la “mayoría” del proletariado; mientras que, para los segundos, concernían orientaciones tácticas que podían ser cambiadas rápidamente en función de los vaivenes de la situación, considerada siempre como revolucionaria en el sentido amplio de la palabra.

Por eso, Zinóviev, quien pretendía que un Partido comunista podría maniobrar a voluntad según las situaciones, pudo acusar a la Dirección del KPD: • por no haber respetado un guión de ciencia ficción y desarrollado una política revolucionaria al día siguiente de haber acordado con la socialdemocracia compartir responsabilidades gubernamentales; y • por no haber sido capaces de reconocer una situación revolucionaria a partir de la invasión del Ruhr y en los movimientos de masas de julio-agosto 1923.

Ahora bien, el CEIC tuvo una responsabilidad directa en la política puesta en práctica por el Partido alemán tras las Conferencias en Moscú de abril, junio y septiembre 1923. Más tarde fue muy “cómodo” para él acusar a la Dirección del KPD de desviación socialdemocrática por no haber respondido al libreto imaginado, cuando en realidad el fiasco del Octubre alemán fue no sólo la bancarrota de la visión estratégica del frente único y del “gobierno obrero” de la tendencia mayoritaria del KPD, sino también de la del CEIC que veía en ellos una “simple” táctica. Tanto más cuanto que el CEIC había afirmado que el KPD (el partido más importante de la Comintern, excluyendo al Partido bolchevique) había aplicado “con éxito” uno de los escenarios previstos por la táctica del IV Congreso [§XI-4].

A lo largo de 30 meses, desde diciembre 1921, el CEIC volvió una y otra vez para tratar de explicar lo que él entendía que debía ser la aplicación de dicha táctica a partidos comunistas que se dividían a menudo entre corrientes de derecha (que eran acusadas de tener variadas desviaciones oportunistas), e izquierdas calificadas de extremistas más o menos infantiles. Y luego de 30 meses, ni la acción concreta de los partidos ni la del CEIC mismo habían permitido esclarecer la cuestión de manera clara y definitiva.

La experiencia de su puesta en práctica por el KPD, el partido más ganado por las tácticas del FU y del “gobierno obrero” (a las que más había políticamente aportado), el más seguido de cerca, el más encuadrado y más controlado por el CEIC, terminó en un desastre. Dos conclusiones eran entonces posibles. La más razonable y evidente hubiera sido afirmar que dichas táctica, basadas en la búsqueda de acuerdos con las cúpulas socialdemócratas y el apoyo a la formación de gobiernos de coalición con la socialdemocracia de izquierda, conducía inexorablemente al fracaso, y que con ella no era posible preparar ni a los partidos comunistas ni al proletariado a cumplir con sus tareas revolucionarias. La segunda alternativa era afirmar que esos múltiples fracasos eran la consecuencia de que los partidos comunistas no eran partidos “verdaderamente revolucionarios”, “genuinos partidos bolcheviques”, y que para “bolchevizarlos” era necesario adoptar rigurosas medidas organizativas. La Internacional se decidirá por esta segunda alternativa, la que conducirá a término a ahogar toda discusión interna y favorizará la estalinización progresiva de los partidos comunistas57.

La posición del CEIC equivalía a afirmar que un buen Partido comunista podría maniobrar a discreción como en las paradas militares. La Izquierda italiana, por boca de Bordiga, responderá con toda la razón (y la Historia del Partido bolchevique lo atesta sin lugar a dudas) que son las buenas tácticas las que hacen posible la forja de un Partido comunista disciplinado y centralizado capaz de luchar eficazmente por sus objetivos58.

Las lecciones de Trotsky

11.- El balance que hizo Trotsky de la debacle del Octubre alemán ocupa un lugar especial en las polémicas de entonces, tanto por sus lados fuertes como por sus puntos débiles. En cuanto jefe revolucionario, por su potente capacidad de análisis de situaciones como por su visión de las necesidades concretas de la lucha revolucionaria, Trotsky se situaba muy por encima del resto de los dirigentes bolcheviques (si se excluye a Lenin de ese conjunto del Partido ruso y de la Internacional).

Antes de abordar ese balance, es importante poner de relieve la posición de Trotsky mismo ante los acontecimientos que precedieron inmediatamente la fecha fatídica del 21 de Octubre, luego de la entrada de ministros comunistas en los gobiernos de Sajonia y Turingia. Podremos cotejar entonces las posiciones de Trotsky inmediatamente antes y después de la retirada sin combate del mes de Octubre.

El 20 de octubre 1923, en su “Informe al Congreso de los Sindicatos de los Trabajadores de los Transportes”, Trotsky desarrolló su visión de la situación alemana en vísperas de la insurrección programada. Para Trotsky, el resultado de la participación de los ministros comunistas en gobiernos de coalición había sido “brillante para nosotros”, había logrado abatir el muro que la socialdemocracia había erigido contra el movimiento comunista y constituía “sin duda alguna” una victoria táctica decisiva (“un éxito político colosal”) que hubiera debido permitir con bajo costo soldar revolucionariamente al proletariado influenciado por el SPD con la dirección comunista, y dar así “un golpe mortal” a la socialdemocracia alemana.59

Lejos de haber sido “brillante”, el resultado de esa táctica fue catastrófica. Entrando en esos gobiernos de coalición, y lejos de sostener a la socialdemocracia “como la cuerda al ahorcado”, el Partido comunista compartió la parálisis y la bancarrota de la socialdemocracia de izquierda ante la contrarrevolución cívico-militar.

Señalemos al pasar que Trotsky no justificó la participación de los comunistas en esos gobiernos de coalición con el mismo argumento que Zinóviev, aunque ambos esperaban de ella una ventaja inmediata decisiva. Zinóviev basaba esa participación en la esperanza de armar a 60.000 obreros. Esa fue la primera ocasión en que Trotsky esgrimió la coalición gubernamental con el argumento de que de ese modo se concretaba la posibilidad de la unidad política entre los trabajadores socialdemócratas y los comunistas sin obligar a los primeros a una ruptura drástica con su propio partido. Así puede explicarse que, de manera sorprendente, Trotsky situase en el mismo plano la participación de comunistas en el gobierno de coalición y la participación conjunta de trabajadores socialdemócratas y comunistas en las milicias obreras, cuando la primera sólo era la expresión de una alianza de mera conveniencia política coyuntural con elementos calificados de “dudosos”, en tanto que la segunda era la expresión directa de una voluntad de lucha de las masas en el terreno de la acción directa.

Si bien Trotsky jamás reconoció responsabilidad política alguna en todo el proceso que condujo al fiasco de Octubre 1923, haciéndola recaer enteramente en el Ejecutivo de la Internacional y en la Dirección del Partido alemán, hay que reconocerle el mérito de haber intentado extraer de ese fiasco lecciones útiles para el movimiento revolucionario, sin motivos ocultos dictados por intereses de camarilla o de poder (como desgraciadamente fue el caso del CEIC).

12.- Para analizar la posición de Trotsky a posteriori de aquellos acontecimientos, nada mejor que el contenido de una conversación ulterior entre Trotsky y Bordiga. Según el relato de Bordiga, Trotsky afirmó que se podía vislumbrar a partir del inicio de 1923 el perfilarse de una situación revolucionaria. El año 1922 había provocado ya una agudización notoria de los antagonismos sociales, y la invasión del Ruhr no podía dejar de exacerbarlos. Tanto el Partido como el CEIC, en lugar de preparar consciente y decididamente al proletariado y a sí mismos para ese posible desemboque de la situación, nada habían hecho en ese sentido. Incluso las tácticas del FU y del Gobierno Obrero, en vez de ser consignas de agitación revolucionarias en los momentos decisivos, no se habían traducido más que en transacciones interminables con la socialdemocracia a lo largo de todo el año60.

« [Para] Trotsky – escribió Bordiga – la perspectiva revolucionaria era visible muchos meses antes, y era necesario, según su evocadora frase, fijar la fecha de la insurrección. (…) A principios de 1923, según Trotsky, era posible (…) trazar el desarrollo progresivo de la acción del Partido de la siguiente manera: tantas semanas para una agitación hecha con vigor e ímpetu con la consigna: “Formemos los Soviets”; tantas otras semanas con la consigna: “Todo el poder a los Soviets”; y, a tantas otras semanas de distancia, la señal de la insurrección para la toma del poder. Está claro que, en el curso de la campaña, la fecha de la culminación de la lucha podía ser anticipada o pospuesta en función del éxito alcanzado en las primeras etapas. Pero a lo largo de todo el período la preparación debía llevarse a cabo decididamente con la convicción absoluta de que había que llegar hasta allí. Debo decir que Trotsky no excluía en absoluto, en el curso de la maniobra, el uso de medios tácticos como el “gobierno obrero”, que me reprochó no querer aceptar; pero, me dijo textualmente, sólo tenía que ser una propuesta lanzada a las masas en forma de un ardiente ultimátum a la socialdemocracia y en veinticuatro horas tenía que plantear la alternativa: “con nosotros o contra nosotros”, y estar listos para marchar incluso en contra de ella.

« (…) Paralelamente a la descripción de su plan, Trotsky me expuso las indecisiones y contradicciones de las órdenes dadas al Partido alemán por el Centro internacional. (…) Se toleró que la táctica del frente único se arrastrase en una interminable serie de negociaciones y aplazamientos de decisiones con los socialistas, que desorientaron y cansaron a las masas. La falta de orden de lucha fue la consecuencia inevitable de una mala evaluación de la situación y de una mala preparación: de hecho, en los días en que la temperatura de las masas era más alta, el Partido no estaba listo para llevarlas a la victoria, y corriendo el riesgo de la lucha no habría escapado al desastre ».61

El análisis a posteriori de Trotsky sobre lo que hubiera sido necesario hacer, así como la crítica de lo que fue hecho, era luminosa. Pero el problema fundamental que se planteaba luego de la debacle era saber por qué no se hizo lo que se hubiera debido hacer.

En un discurso magistral del 21-6-1924, Trotsky se explayó ampliamente sobre el tema62.

“Al finalizar 1923, nosotros sufrimos en Alemania una derrota importante no menos seria que la del año 1905. ¿Pero, cuál es la diferencia? En 1905 nosotros no teníamos las fuerzas suficientes, como luego se vio en la lucha. En otros términos, la causa de la derrota residía en la relación de fuerzas objetiva. En 1923, en Alemania, nosotros sufrimos una derrota en el momento en que los acontecimientos no habían llegado a la etapa de choque, sin que nuestras fuerzas hayan estado movilizadas y utilizadas.

“La causa inmediata de la derrota en ese caso habría que buscarla en la Dirección del partido. (…) En cuanto a la situación objetiva, la relación de las fuerzas de clases, la confianza en sí misma de la clase dirigente y de las masas del pueblo, es decir, en cuanto a las precondiciones de la Revolución, nosotros teníamos la situación más favorable de las que ustedes se podrían representar: una crisis de existencia para la Nación y el Estado, llevada a su más alto grado por la ocupación [franco-belga]; una crisis de la economía y particularmente de las finanzas del país; una crisis parlamentaria, una caída total de la confianza de la clase dirigente en sí misma; una desintegración de la socialdemocracia y de los sindicatos; un crecimiento espontáneo de la influencia del Partido comunista; un cambio importante de orientación de la pequeña burguesía hacia el comunismo; una brutal caída de la moral de los fascistas. Tales eran las precondiciones políticas.

“(…) ¿Los comunistas contaban con la mayoría de las masas obreras? Es una cuestión a la cual no podemos responder con estadísticas. Es una cuestión que está resaltada por la dinámica de la Revolución. Las masas avanzaban regularmente hacia los comunistas y sus adversarios se debilitaban no menos regularmente. Las masas que se habían quedado con la socialdemocracia no mostraban disposición a oponerse activamente a los comunistas como ellos lo habían hecho en marzo de 1921. Por el contrario, la mayoría de los obreros socialdemócratas esperaban la Revolución con esperanza. Es esto también una exigencia de la Revolución.

“¿Las masas estaban dispuestas para el combate? Toda la historia del año 1923 no deja ninguna duda en este sentido. Es verdad que al finalizar el año ese sentimiento se había vuelto más reservado, más concentrado, había perdido su espontaneidad, es decir, su tendencia a explosiones elementales constantes. ¿Pero cómo podía ser de otra manera? En la segunda mitad del año, las masas adquirieron una enorme experiencia y sentían o comprendían que se iba a toda marcha hacia el choque decisivo. En tales condiciones, las masas podían solamente avanzar si existía una dirección firme, llena de confianza en sí misma y que gozara de la confianza de las masas.

“Las discusiones acerca de saber si las masas estaban listas para la lucha o no tienen un carácter muy subjetivo y expresan sustancialmente una falta de confianza en los dirigentes del Partido mismo. Las afirmaciones según las cuales no había voluntad de luchar en las masas han sido hechas aquí [en Rusia] más de una vez. También el día anterior a Octubre.

Lenin respondía a estas afirmaciones casi siempre de esta manera: « Aun si se admitiera que ustedes dicen la verdad, esto no haría más que demostrar que hemos dejado pasar el momento más favorable. Pero esto no significaría para nada que la conquista del poder es hoy imposible. Después de todo, nadie osará afirmar que la mayoría, o aún una minoría sustancial de la masa de los obreros, se opondrá a la Revolución. Pero basta con que una minoría participe incluso con un sentimiento de simpatía, o que prevalezca en la mayoría una expectativa pasiva ».

“(…) ¿Cuál fue la causa fundamental de la derrota del Partido comunista alemán? No se ha apreciado a tiempo la aparición de una crisis revolucionaria a partir de la ocupación de la Cuenca del Ruhr y, especialmente, del fin de la resistencia pasiva (enero-junio de 1923).

Es muy difícil para un partido revolucionario pasar de un período de agitación y de propaganda prolongada durante años, a una lucha directa por el poder a través de la organización de la insurrección armada. Este giro provoca, invariablemente, una crisis en el interior del partido. Todo comunista responsable debe prepararse para esto. (…) [El Partido alemán] continuó así, aún después del comienzo de la crisis de la cuenca del Ruhr, dirigiendo su trabajo de agitación y de propaganda sobre la base de la fórmula del frente único —al mismo ritmo y en las mismas formas que antes de la crisis. Pero esta táctica se había vuelto algunas veces muy insuficiente.

La influencia del Partido crecía automáticamente. Hacía falta un giro táctico agudo. Había que mostrarles a las masas, y antes que nada al Partido mismo, que se trataba ahora de la preparación inmediata de la toma del poder. Era necesario consolidar la influencia organizativa creciente del Partido y establecer las bases de apoyo para un asalto directo contra el Estado. Había que girar toda la organización del Partido sobre la base de células de fábrica. Había que instalar de manera neta la cuestión del trabajo en el Ejército. Había que organizar las células en los ferrocarriles. Era necesario, sobre todo, adaptar plena y completamente la táctica del frente único a esas tareas, darles un ritmo más firme y más decidido, y un carácter más revolucionario. Sobre esta base, deberíamos haber dirigido un trabajo técnico-militar.

La cuestión de la fijación de una fecha para la insurrección no puede tener sentido más que en relación y con esta perspectiva. La insurrección es un arte. Un arte supone un objetivo claro, un plan preciso y, en consecuencia, un horario. A pesar de esto, lo más importante era asegurar a tiempo el giro táctico decisivo hacia la toma del poder. Y esto no fue hecho. Fue la omisión principal y fatal. (…) La actividad del Partido continuaba con un ritmo de tiempos de paz, en el momento en que el desenlace se aproximaba.

“El momento de la insurrección fue fijado cuando, esencialmente, el enemigo ya había utilizado el tiempo perdido por el Partido y reforzado sus posiciones. La preparación militar técnica del Partido comenzó a una velocidad frenética, separada de la actividad del Partido que continuaba con el mismo ritmo que en tiempos de paz. Las masas no comprendían al Partido y no marchaban a su paso. El Partido sintió este corte de parte de las masas y se paralizó. Por eso, el retiro sin combate de posiciones de primer orden fue la más amarga de las derrotas posibles.

“No podemos pensar que la historia crea mecánicamente las condiciones de la Revolución y las presenta luego a pedido del Partido, siempre en bandeja. «Aquí estamos, por favor firmen el recibo». Eso no sucede jamás. En el curso de una lucha prolongada, una clase debe forjar una vanguardia que pueda encontrar su camino en una situación dada, que reconozca a la Revolución cuando ella golpea a su puerta. Que sepa en el momento necesario tomar el problema de la insurrección como un arte, elaborar un plan, distribuir los papeles y dar el golpe de gracia feroz a la burguesía. Y bien, el Partido comunista alemán no encontró en sí mismo, en el momento decisivo, esta capacidad, esta habilidad, este carácter y esta energía.”

Para explicar el porqué de dichas deficiencias, Trotsky pensó encontrarlas en una causa en cierto sentido intermporal e ineluctable, a saber, un conservadurismo ínsito en toda actividad de partido.

“Todo partido, aún el más revolucionario, elabora inevitablemente su conservadurismo orgánico. De no hacerlo, carecería de la estabilidad necesaria. Pero todo es cuestión de grados a este respecto. En un partido revolucionario, debe combinarse la dosis necesaria de conservadurismo con la ausencia total de rutina, la flexibilidad de orientación y la audacia en la acción. Se comprueban mejor tales cualidades en los virajes históricos. Hemos visto antes cómo decía Lenin que cuando sobrevenía un cambio brusco de situación – y por tanto de tareas – los partidos, aun los más revolucionarios, continuaban a menudo en su postura anterior, y de ahí que se tornaran o amenazaran tornarse un freno para el desarrollo revolucionario. El conservadurismo del partido, igual que su iniciativa revolucionaria, encuentran su expresión más concentrada en los órganos directivos. Pues bien: todavía tienen que efectuar los partidos comunistas europeos su viraje más brusco, aquel por el cual pasarán del trabajo preparatorio a la toma del Poder. Es tal viraje el que exige más cualidades, impone más responsabilidades y resulta más peligroso. Desperdiciar el momento oportuno implica para el partido el desastre mayor que pueda sufrir.”

“Considerada a favor de nuestra propia experiencia, la experiencia de las batallas de los últimos años en Europa, y principalmente en Alemania, nos enseña que hay dos categorías de jefes propensos a hacer retroceder al partido en el momento de convenirle dar el mayor salto adelante63. Los unos tienden a ver más que nada las dificultades, los obstáculos, y a apreciar cada situación con la idea preconcebida, inconsciente a veces, de esquivar la acción. En ellos, el marxismo se vuelve un método que sirve para establecer la imposibilidad de la acción revolucionaria. Representaban los ejemplares más característicos de este tipo de jefes los mencheviques rusos. Pero no se limita este tipo al menchevismo, y en el momento más crítico se revela dentro del partido más revolucionario entre los militantes que ocupan los más altos puestos. Los representantes de la otra categoría son agitadores superficiales. No ven los obstáculos mientras no tropiezan con ellos de frente. Cuando llega el momento de la acción decisiva, transforman inevitablemente en impotencia y pesimismo su costumbre de eludir las dificultades reales haciendo juegos malabares de palabras.

“Para el primer tipo, para el revolucionario mezquino que se contenta con ínfimas ganancias, las dificultades de la conquista del Poder no constituyen sino la acumulación y la multiplicación de todas las que están habituados a hallar en su camino. Para el segundo tipo, para el optimista superficial, siempre surgen de repente las dificultades de la acción revolucionaria. En el período preparatorio observan conducta diferente estos dos hombres: el uno parece un escéptico con quien es imposible contar firmemente desde el punto de vista revolucionario; por el contrario, el otro puede semejar un revolucionario ardoroso. Pero en el momento decisivo ambos van tomados de la mano para erguirse contra la insurrección. Sin embargo, no tiene valor todo el trabajo preparatorio sino en la medida en que capacita al partido y sobre todo a sus órganos directivos para determinar el momento de la insurrección y dirigirla. Porque la tarea del Partido comunista consiste en la toma del Poder con el objetivo de proceder a la reconstrucción de la sociedad.”64

13.- Trotsky señaló pues los dos factores fundamentales que, para él, determinaron la negativa del Partido comunista a llevar adelante el intento insurreccional: • el no reconocimiento de la maduración de la crisis revolucionaria a partir de la invasión del Ruhr y, por consiguiente, el retraso con que se encaró la preparación insurreccional respecto a la situación y a la actividad de las masas; y • la incapacidad de pasar de un largo período de dos años de propaganda y agitación en torno a la táctica del frente único a la lucha directa por la conquista del poder y a la insurrección armada (adaptando en consecuencia la táctica del frente único a las nuevas exigencias de la situación, dándole “un ritmo más firme y más decidido, y un carácter más revolucionario”)65.

Trotsky no apuntó ninguna causa política a ese reconocimiento tardío de la maduración de la crisis revolucionaria por parte de la Dirección del KPD y del CEIC, pese a que dicho retraso era enteramente imputable a la línea política basada en la búsqueda permanente de una alianza con la socialdemocracia, y en la hipótesis de que sólo a través de la búsqueda de esa alianza se podría logar un trastrocamiento revolucionario de la situación. Además, en ningún momento Trotsky dijo ni dirá en qué hubiera debido consistir “adaptar plena y completamente la táctica del frente único” a las tareas que apuntaban a preparar activamente la Revolución.

En cuanto a la incapacidad de pasar de una fase de propaganda y agitación en torno a la táctica del FU a la lucha directa por el poder, pretendiendo dar a dicha táctica un carácter “más revolucionario”, la dura realidad de los hechos demostró materialmente y de manera irrefutable la imposibilidad de compatibilizar y realizar al mismo tiempo la búsqueda de una coalición política con la socialdemocracia y la preparación política y organizativa del proletariado y del Partido comunista con miras a una movilización revolucionaria de carácter insurreccional. A pesar de sus mutuos reproches, tanto la Zentrale del KPD como el CEIC compartieron la responsabilidad del fiasco.

El paralelo establecido por Trotsky en sus escritos66 entre la situación del Octubre alemán de 1923 con el Octubre ruso de 1917, en dos situaciones en que las grandes masas trabajadoras esperaban de la vanguardia comunista una iniciativa radical e insurreccional contra todo el Orden establecido, era parcialmente pertinente. En ambos casos la situación era claramente revolucionaria, pero tanto la preparación del proletariado como la del Partido fueron radicalmente diferentes.

El Octubre ruso fue la culminación de una propaganda y agitación continuas por parte del Partido bolchevique para que todo el poder pasase a manos de las masas revolucionarias y de sus organizaciones contra el Estado burgués-parlamentario, y en ningún momento el Partido propuso a la socialdemocracia rusa una coalición gubernamental, mientras que el Partido alemán hacía de esa coalición política, e incluso gubernamental, una condición de la lucha revolucionaria. En septiembre-octubre 1917, el proletariado ruso esperaba del Partido bolchevique la dirección exclusiva de la lucha revolucionaria, mientras que el proletariado alemán esperaba del frente único entre la socialdemocracia y el comunismo la vía de la salvación. Fue ello lo que motivó tanto la parálisis del proletariado como la del Partido alemán.

Para hacer que el Partido y las masas pudiesen aprovechar la crisis de julio a octubre de 1923, el Partido comunista hubiera debido plantear claramente y con antelación sus objetivos de conquista del poder, y preconizar el frente único “por abajo” en base a esos objetivos. Sólo así hubiera podido emanciparse del peso de la socialdemocracia y aglutinar en torno suyo a las masas revolucionarias, y ganar la simpatía de aquellas que, a pesar de declararse socialdemócratas por inercia, hubieran tenido una actitud favorable a un cambio radical. El error fundamental de las direcciones del KPD y del CEIC fue el hacer del FU con la socialdemocracia el trampolín de la lucha por la conquista del poder, en vez de apuntar a obtener el apoyo, activo o pasivo, de todas fuerzas que se planteaban decididamente en el terreno revolucionario.

Cuán premonitorias habían sido las palabras del comunista polaco Domski en el IV Congreso de la Comintern: “La lucha no se puede librar bajo pseudónimos. De esta manera, sólo podríamos crear ilusiones. Debemos encontrar consignas revolucionarias claras. […] [La lucha de la clase obrera] sólo puede librarse victoriosamente si cada soldado nos entiende, si cada una de nuestras consignas, si toda nuestra ideología es absolutamente clara. Sólo entonces la clase obrera podrá luchar con constancia y método” [§IX-10].

Aún admitiendo (sin por ello reconocer como inevitable) la existencia de un conservadurismo propio a toda organización revolucionaria, cabría preguntarse si la táctica de la Zentrale y del CEIC favorecía o no esa reacción de resistencia a un cambio drástico en la acción del Partido revolucionario dictado por la maduración acelerada de la crisis revolucionaria. La respuesta a este interrogante es claramente negativa.

Es por ello que, si bien el enunciado tardío de Trotsky de lo que hubiera debido ser la acción del Partido comunista alemán a lo largo de todo 1923 era en sus grandes líneas correcto, ese diagnóstico fue claramente insuficiente por no haber individualizado las razones políticas de semejante fracaso, y por no haber cuestionado de manera radical, en base a los hechos mismos, las tácticas que el CEIC había querido imponer a los Partidos comunistas occidentales (y de las cuales la tendencia mayoritaria del KPD se había hecho el adalid incondicional).

La debilidad del balance que Trotsky extrajo de los acontecimientos alemanes aparece en una de sus conclusiones finales a su trabajo “Las lecciones de Octubre”, donde sólo hace mención de la necesidad de “bolchevizar” a la Internacional Comunista (conclusión compartida formalmente por todo el CEIC), basada en una vaga “educación revolucionaria” y en la “selección de los dirigentes”67.

Si para todos era evidente la necesidad de hacer de los partidos de la Internacional organizaciones con una real capacidad revolucionaria, y de sus dirigentes jefes verdaderamente idóneos para enfrentar esa tarea, quedaba abierto el problema aún no resuelto de las tácticas que hubieran permitido esa capacitación y la selección de los dirigentes capaces de jugar esa partitura.

14.- Trotsky nunca renunció a la hipótesis de la participación comunista en “gobiernos obreros de coalición” en el marco de la democracia burguesa en los países imperialistas (hipótesis que, en honor a la verdad, él calificaba de “poco probable”):

No obstante, no es posible negar categórica­mente a priori la posibilidad teórica de que bajo la influencia de una combinación muy excepcional (guerra, derrota, crack financiero, ofensiva revolucionaria de las masas, etc.) los partidos pequeño-burgueses, sin exceptuar a los estalinistas, pueden llegar más lejos de lo que ellos quisieran en el camino de una ruptura con la burguesía. En cualquier caso, una cosa está fuera de dudas: aún en el caso de que esa variante poco probable llegara a realizarse en alguna parte y un “gobierno obrero y campesino” -en el sentido indicado más arriba- llegara a constituirse, no representaría más que un corto episodio en el camino de la verdadera dictadura del proletariado.” [Programa de Transición, 1938]

No entraremos aquí a analizar una vez más la factibilidad misma de esa hipótesis “de escuela” en los países de capitalismo históricamente consolidado. Pero viene al caso recordar la actitud y las palabras sarcásticas y feroces de Lenin sobre los comunistas que pretendían hacer suyas (o ejes de su táctica) a hipótesis “poco probables” (y ello, a pesar de las amargas experiencias del pasado).

Ya hemos hecho referencia a que durante el revuelo levantado por los partidarios de la “teoría de la ofensiva” en ocasión del III Congreso de la IC, en una carta del 16-6-1921 dirigida a Zinóviev, Lenin precisó entonces cuál debía ser la tarea fundamental de las secciones nacionales del Comintern como condición de la lucha por la conquista del poder: ganar la mayoría del proletariado a los principios del comunismo. Y aunque no excluyó de manera absoluta que, “dada la cantidad de materias inflamables acumuladas en Europa, una victoria fácil de la clase obrera [fuese] incluso posible a modo de excepción”, afirmó a continuación de manera categórica que “[sería] absurdo construir desde ahora sobre esa eventualidad la táctica de la Internacional comunista”, añadiendo que si bien no es de excluirse la posibilidad de lograr una victoria en circunstancias excepcionalmente favorables, “lo que está al alcance de cualquier imbécil”, la Internacional no podía contar con tales eventualidades [§VI-21].

Situaciones excepcionales e inimaginables ya han ocurrido, como fue el caso durante la Revolución húngara de 1919, cuando la burguesía renunció al poder, así como el traslado de los comunistas húngaros desde las prisiones del Estado burgués a la cabeza del Estado revolucionario en coalición con los socialistas que los habían encarcelado (¡y ya se sabe cómo terminó todo ello!). Pero crear tácticas sobre tales hipótesis históricas sería, como bien lo dijo Lenin, completamente absurdo e irresponsable.

El balance de la Izquierda Comunista italiana

15.- La Izquierda italiana no hizo un análisis circunstanciado de los acontecimientos de Alemania de 1923. Lo que la diferenció de todos los otros “balances” fueron las consecuencias que extrajo de ellos.

Salvo Radek, Brandler, Thalheimer y Clara Zetkin, en el V Congreso de la Internacional la aplastante mayoría de los participantes denostó vigorosamente lo actuado por el Partido alemán. La intervención de Bordiga fue la única voz que se elevó crítica y simultáneamente contra las Tesis sobre el Gobierno Obrero del IV Congreso, la acción del KPD y la intervención del CEIC en Alemania, terminando por reclamar un entierro de tercera clase no sólo de la táctica, sino también de la consigna misma de “gobierno obrero”.

« No basta con decir: “Mantenemos la fórmula del gobierno obrero como fórmula de agitación, como consigna para ser lanzada entre las masas obreras, entendiéndose bien que no es sino el pseudónimo o sinónimo de dictadura del proletariado, y que no hemos cambiado nada a los datos fundamentales de nuestros principios en lo que concierne al problema de la conquista revolucionaria del poder”. (…) Nosotros pedimos textos y resoluciones que descarten claramente la táctica del gobierno obrero según la interpretación de derecha dada por el compañero Radek y seguida por la derecha alemana en el período en que toda la Internacional no encontró nada que decir contra lo que Radek y la derecha alemana estaban haciendo. Pero creo que también debemos pedir el entierro de la frase [misma]. Permítanme hablar abiertamente. Considero que la táctica está liquidada.

« (…) Me detengo en el valor de la expresión: “Gobierno Obrero”. Sería una simple traducción rusa de las palabras latinas: “Dictadura proletaria”. Ahora bien, ¿qué ventaja obtenemos de una traducción así? La frase en sí misma, literalmente, no responde a la imagen que queremos dar de la conquista del poder. La dictadura proletaria, esta maravillosa frase de Marx, es lamentable que queramos sacarla a hurtadillas por la ventana de un congreso comunista. En estas dos palabras veo la clara concepción de toda nuestra idea política y programática. La dictadura del proletariado me dice que el poder proletario se ejercerá sin dar ninguna representación política a la burguesía. También me dice que el poder proletario sólo puede ser conquistado por la acción revolucionaria, por la insurrección armada de las masas. Cuando digo “Gobierno Obrero”, también se puede entender esto, si se quiere; pero, si no se quiere, también se puede entender, como hipótesis, otro gobierno que no se caracteriza por el hecho de excluir a la burguesía de los órganos de representación política, y menos aún por el hecho de que la conquista del poder se produjo por medios revolucionarios y no por medios legales. La frase no es feliz. No nos da la idea que necesitamos.

« Nos dicen que si decimos “Dictadura proletaria” las masas no entenderán, y que si decimos “Gobierno Obrero” las masas nos entenderán y ganaremos adhesiones entre esos estratos a los que todavía no hemos podido llegar con nuestra propaganda teórica. Se nos dice que a ello se reduce el modestísimo papel de la fórmula de “Gobierno Obrero”. Ahora bien, yo también discuto esto, no veo esta utilidad práctica. Alrededor de la expresión “Dictadura del proletariado” han ocurrido tales acontecimientos que han afectado tanto a las masas más profundas del proletariado mundial, que incluso los trabajadores de países fuera de la Rusia soviética saben qué cosa es la dictadura del proletariado, y la requieren por instinto incluso cuando están influenciados por líderes socialdemócratas. Pero, ¿qué cosa puede entender acerca de un gobierno un trabajador o un simple campesino cuando, después de tres años, nosotros, los líderes del movimiento obrero, aún no hemos llegado a comprender y dar una definición satisfactoria de lo que es el gobierno obrero? (aplausos). Simplemente pido un funeral de tercera clase para las táctica y para la expresión “Gobierno Obrero”.

« (…) Porque ya hemos tenido un cierto número de experiencias, porque hemos constatado que, después de haber aceptado esta fórmula de gobierno obrero en junio de 1922, el gobierno obrero, de pseudónimo de dictadura del proletariado se ha transformado en sinónimo de parlamentarismo vulgar, nosotros pedimos que se suprima esta expresión para protegernos, en el futuro, de tales sorpresas ».68

Por haber atribuido una responsabilidad del fiasco alemán al CEIC, en el V Congreso un fuego cerrado se abatió sobre la Izquierda italiana en general, y sobre Bordiga en particular. Incluso se quiso denunciar una supuesta convergencia de las posiciones de Bordiga con las desviaciones de derecha69. Zinóviev trató de impedir de todas las maneras posibles la cristalización de una oposición internacional al CEIC y su convergencia con la oposición rusa.


Notas

1 El primero era el Presidente del Soviet de Petrogrado, el segundo Presidente del Soviet de Moscú y Secretario General del Politburó del Partido bolchevique, mientras que el tercero era el Secretario General del Partido. La alianza (secreta) entre los tres les otorgaba una influencia decisiva y directa sobre el aparato del Partido. Esta fracción dominante incluía en ese momento a Bujarin y Rykov (Presidente del Concejo de Comisarios del Pueblo, es decir, del Gobierno soviético).

2 Debería estar claro para el lector que los nombres citados sólo eran las cabezas más visibles de las alineaciones de fuerza en el seno del Partido bolchevique. Los militantes y responsables en los distintos niveles de la organización y del Estado se alineaban con unos u otros.

3 La enfermedad y posterior muerte de Lenin le impidió tener parte activa en esta lucha de tendencias, aunque no dejó de poner en guardia contra los peligros que acechaban al Partido como consecuencia de su imbricación estrecha con las estructuras estatales (las que llevaban estigmas que eran productos del atraso social y de la desorganización del proletariado ruso). En vísperas de su fallecimiento, Lenin tomó abiertamente posición contra la el accionar de Stalin y la creciente y funesta influencia de la burocracia estatal en la política soviética.

4 La derrota de la Oposición en este primer gran enfrentamiento tuvo lugar en la XIII Conferencia del Partido bolchevique del 24 de enero de 1924 (tres días después del fallecimiento de Lenin).

5 Los análisis marxistas que han permitido esclarecer la significación de las luchas internas en el Partido bolchevique a partir de 1922, y las claves de la victoria del estalinismo y del curso ulterior de la Rusia soviética, fueron realizados por Amadeo Bordiga en la segunda posguerra. El lector podrá consultar, en particular: • “Russia e rivoluzione nella teoría marxista”, 1954-1955 [http://www.sinistra.net/lib/bas/progra/vale/valehdicui.html]; • “Las grandes cuestiones históricas de la Revolución en Rusia” (Programma Comunista, n°15 y 16 de 1955) [traducido al castellano en: http://www.quinterna.org/lingue/espanol/historico_es/grandes_cuestiones.htm]; • ”Struttura economica e sociale della Rusia d’oggi” (ibidem, del 25-5-1955 al 6-6-1957) [http://www.sinistra.net/lib/bas/progra/stru/index.html]; “La Russia nella grande rivoluzione e nella società contemporanea” (ibidem, n°12, 13 y 14 de 1956) [http://www.sinistra.net/lib/bas/progra/vale/valehdicui.html]; • ”El marxismo y la cuestión rusa”, 1967 [http://www.sinistra.net/lib/upt/elproc/mope/mopeafubos.html]

6 El único que pudo hacerlo fue Radek por haber sido nombrado representante del CEIC en Alemania por la IC, y no por el Partido bolchevique.

7 “La República de Noviembre (1918) se rinde al fascismo en toda la Alemania no ocupada (por las fuerzas franco-belgas). (…) Ahora, la burguesía se alinea abiertamente bajo las banderas de los fascistas. En el programa del Gobierno no figura la democracia, sino la dictadura blanca (…) La victoria del fascismo sobre la democracia burguesa asumió formas distintas a las esperadas por la clase obrera. (…) Los 400 miembros del Reichstag y el canciller Stresemann, el presidente socialdemócrata del Reich (…) no pueden ocultarnos el hecho que el fascismo ha tomado el poder, aunque todavía deja subsistir el fantasma del parlamentarismo democrático para ocultar una situación que, de salir a la luz, desencadenaría una acción defensiva de las masas trabajadoras”. [Bulletin Communiste, 22-11-1923; https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/cb34429127h/date&rk=321890;0]

8 Que el Reichswehr no haya intentado asumir todo el poder del Estado derrocando al Gobierno constitucional y al parlamentarismo fue la consecuencia de su “desafortunada” experiencia extraída del fracaso del Putsch de Kapp. Las clases dominantes alemanas necesitaban la participación de la socialdemocracia en los engranajes políticos e institucionales de la República para tratar de asegurar la paz social y la defensa del Orden. Sólo el poderoso desarrollo ulterior del nazismo a escala de todo el Reich dará a la burguesía una fuerza política y social suficiente como para prescindir de la socialdemocracia y de la República parlamentaria.

9 “Quienes no pueden romper con los Wels, los Müller y los Ebert, estos agentes conscientes del fascismo, devienen ellos mismos, por incomprensión o por cobardía, agentes del fascismo” [Bulletin Communiste, 22-11-1923].

10 “En el momento en que se funda la dictadura fascista, en el momento en que miles de comunistas son encarcelados, en que la prensa y las organizaciones comunistas son oprimidas, el KPD declara con la mayor calma (!!!), con una confianza inquebrantable, una guerra sin piedad contra la dictadura fascista. La lucha comienza con la resistencia de la clase obrera a la introducción de la jornada de diez horas, (contra) el desempleo, con la lucha por los salarios de la preguerra, contra el Estado de sitio, contra el estrangulamiento de la prensa obrera, y durará sin tregua posible hasta el ataque supremo del proletariado contra las ciudadelas de la dictadura fascista. (…) Es con toda confianza en la próxima victoria que el KPD afirma que la clase obrera podrá arrebatarle al gobierno fascista las armas que posee; que la clase obrera podrá arrebatarle su poder; que opondrá a la dictadura fascista burguesa la acción por la dictadura del proletariado, y que no tendrá reposo hasta que haya instaurado la dictadura del proletariado.”

11 “[Los fascistas] han transformado gradualmente el Estado democrático en un Estado fascista. A partir de ahora, sólo la destrucción de este mecanismo de gobierno, a través de la lucha proletaria revolucionaria, abrirá las puertas a la dictadura proletaria. La preparación del combate se vuelve la tarea inmediata de los trabajadores revolucionarios [subrayado en el original, ndr.].”

12 “En Alemania, la lucha por la liberación social es inseparable del combate por la liberación nacional. El partido de la dictadura del proletariado se convertirá en el partido de la salvación nacional. Y cuando, como Partido comunista alemán, nos comprometamos en la batalla por la dictadura del proletariado, nos comprometemos al mismo tiempo en la lucha por el retorno de la Renania y el Ruhr arrancados por el imperialismo francés, de la Baviera, de la Prusia Oriental amenazada por la Polonia, del Centro y el Norte de Alemania amenazados por von Seeckt, por la unidad de un nuevo Reich alemán (…)”.

13 Antes el KPD trataba de ganar a las bases de las organizaciones nacionalistas y fascistas; las Tesis dse Brandler-Radek dans un paso más y hablan de dirigirse a las organizaciones nacionalistas.

14 “El KPD invita a la clase obrera a empezar inmediatamente la lucha contra el gobierno fascista y contra la nueva ofensiva capitalista. (…) La formación de las Centurias obreras no sólo debe continuar; las Centurias deben ser, cada día, los órganos de defensa de la clase obrera contra todos los excesos de los órganos fascistas de opresión. Cada golpe judicial debe ir seguido de una respuesta. (…) Dar golpe por golpe; armarse un poco mejor cada día para la batalla decisiva; reunir y agrupar a las masas populares afectadas por los males del presente: así es como la clase obrera derribará, con las armas en la mano, a la dictadura fascista, y erigirá la dictadura proletaria. La lucha final puede ocurrir en las próximas semanas.”

15 En nuestro trabajo no nos detendremos en hacer la cronología de los tejemanejes en la Internacional y en el Partido bolchevique para hacer cargar a la precedente mayoría del KPD y a Radek con toda la responsabilidad de la debacle alemana, y para descargar al Ejecutivo de toda responsabilidad en ella (todo ello en medio del conflicto desencadenado en el Partido ruso). El lector podrá seguir las vicisitudes de esos dramáticos acontecimientos en la excelente presentación de E.H.Carr, “Historia de la Rusia Soviética, El Interregno (1923-1924)”, ed. Alianza Universidad, 1987, pp.230-244; en J.Degras, « Storia dell’Internazionale Comunista attraverso i documenti ufficiali », tomo II, Feltrinelli Editore, 1975, pp.86-89 y 102-105; y en Angress, op.cit., pp.461-471. Aquí sólo analizaremos las argumentaciones políticas de unos y otros.

16 Zinóviev, “Les problèmes de la Révolution allemande”, Bulletin Communiste, 8-11-1923.

17 E.H. Carr, op.cit., p.233.

18 “Los acontecimientos demostraron que nuestros cálculos eran exagerados. (…) El Partido comunista alemán ha demostrado numerosas debilidades y cometido una cantidad de errores serios durante estas semanas críticas, pero nosotros no creemos que se haya equivocado al no lanzar en Octubre al proletariado en un combate general. (…) La retirada hubiera debido ser menos pasiva. Pero en esas circunstancias la decisión de no librar una batalla decisiva era inevitable”. Citado (sin indicación de fecha) en Degras, op.cit., p.78.

19 Que Trotsky haya aprobado esta carta del CEIC (en medio de la batalla ya abierta dentro del Partido bolchevique) bien podía haber sido una manera de no caucionar lo actuado por la Zentrale a la espera de expresar su propia posición sobre el fiasco de Octubre, cosa que Trotsky hará a fines de diciembre de ese año.

20 Degras, op.cit., p.79. El contenido de la carta fue leído por Zinóviev el 24-1-1924 en su Informe ante la XIII Conferencia del Partido bolchevique [Bulletin Communiste, 22-2-1924].

21 Bulletin Communiste, 8-2-1924.

22 Este argumento retomaba la posición de Thalheimer del 31-8 cuando escribió que las condiciones no estaban aún dadas para poner al orden del día la lucha por el poder.

23 A posteriori, en el V Congreso de la Internacional, Brandler tuvo la ocasión de explayarse sobre los errores que él pensaba que se habían cometido: a) mala apreciación de las relaciones de fuerza; b) no haberse preparado para la guerra civil luego de la crisis tras el atentado contra Rathenau; c) no haber logrado efectuar los suficientes preparativos organizativos para poder esperar la victoria.

24La ocupación del Ruhr tornaba revolucionaria la situación. El Partido hubiera debido dirigir las fuerzas revolucionarias que surgían y conducirlas a la lucha por la conquista del poder. Pero no supo comprender a tiempo la situación. Hubiera sido necesario actuar en el Parlamento, en los consejos municipales, en las reuniones, en las manifestaciones, en los consejos de fábrica. Hubiera sido necesario asignar a los consejos de fábrica un papel político y hacer de ellos, como años antes, el punto de apoyo de una acción de masas. Cuando la Dirección advirtió su error, se puso febrilmente a organizar el armamento del Partido. Pero el armamento debe ir a la par con la conciencia de la necesidad de la lucha armada. Los factores morales deben reemplazar la insuficiencia de armas. En la lucha sentirá el proletariado la necesidad de armarse mejor para vencer al adversario. El Partido hizo muy poco para explicar esto a las masas. Su política y su acción no se vinculaban a las masas. Por eso el Gobierno obrero de Sajonia fue un formidable error. El Gobierno obrero sólo podía tener sentido si hubiera sido la coronación de un movimiento de masas, apoyado en los órganos del proletariado al margen del Parlamento, es decir, en los consejos de fábrica, en los congresos del proletariado, en las fuerzas armadas de la clase obrera. Se pensó, por el contrario, que el gobierno obrero sería el punto de partida de un movimiento de masas y del armamento del proletariado”. Habiendo largado un poco del lastre que pesaba sobre la derecha del comunismo alemán, Clara Zetkin no dejó de afirmar que los « gobiernos obreros » no eran sinónimo de dictadura del proletariado, defendiendo así el espíritu y la letra (tan confusa la una como la otra) de las Tesis del IV Congreso y las aún peores del Congreso de Leipzig.

25 “V Congreso de la Internacional Comunista, Primera parte”, Cuadernos de Pasado y Presente, 1975, pp.144-145.

26 Esta agrupamiento no tenía convicciones propias, pues en su gran mayoría había formado parte de la antigua Dirección desde el Congreso de Leipzig, y tras el fiasco de Octubre había votado como un solo hombre por las Tesis del 4-11. Sus miembros sólo cambiaron de opinión tras la recepción de la carta del CEIC y su consistencia organizativa se desmoronará rápidamente. En el Congreso del KPD del mes de abril de 1924 esta tendencia apenas representó un 26% de los delegados, contra el 72% obtenido por la Izquierda.

27 Bulletin Communiste, 25-1-1924.

28 Un ejemplo casi caricatural de ello fue el de Víctor Serge quien, inmediatamente después del fiasco de Octubre, escribió que dos factores habían impedido el desencadenamiento de la Revolución alemana: “La voluntad de los socialdemócratas del gobierno (del Reich) de perseverar a toda costa en la traición, y la indecisión de los socialdemócratas de izquierda. El primero es un factor contrarrevolucionario. El segundo, muchos de nosotros no conocíamos hasta ahora toda su importancia [!!!]” [Bulletin Communiste, 8-11-1923]. Luego de 5 años de traiciones y capitulaciones continuas de la socialdemocracia en todas sus variantes, y de las permanentes campañas de denuncia contra ella de la Internacional, esta afirmación por parte de un cuadro importante de la Comintern no podía ser más que el resultado inevitable de una esperanza desesperada y estéril de poder invertir de cualquier modo, gracias a maniobras políticas que sólo engañaban a quienes las practicaban, una relación de fuerzas que aparecía entonces como extrermadamente desfavorable.

29 “El establecimiento de los núcleos como base de la organización, todas las funciones de los (núcleos) locales deben ser transferidas a los núcleos de las fábricas que las ejercerán bajo el control del Partido.”

30 Publicadas en francés en Bulletin Communiste, 22-2-1924.

31 Lenin, “Las enseñanzas de la insurrección de Moscú”, 29-8-1906.

32Es esta táctica del Partido la que ha hecho popular a la socialdemocracia de izquierda. El Partido, a través de la tácticas de frente único que había utilizado desde hacía años, creó, incluso entre los comunistas, una impresión de debilidad que les hizo creer que la lucha, especialmente la lucha decisiva, sólo podía ser enfrentada en concierto con el SPD (según la teoría sobre la evolución del SPD, que sostenía que, desde su posición de izquierda burguesa, el SPD debía transformarse en una derecha de la clase obrera)”. En un artículo de Ruth Fischer que desarrolló las posiciones de la Izquierda alemana se afirma que el frente único político con la socialdemocracia no hizo más que sembrar la confusión en los rangos comunistas y comprometer el proceso de desafección de las masas influencias por el SPD que estaban atraídas por el Partido comunista. Un resumen de este artículo fue publicado en Bulletin Communiste del 18-4-1924.

33 • Preparación política, organizativa, militar y técnica para la conquista del poder; • propaganda concreta y directa por la dictadura del proletariado; • propaganda por las medidas que asumiría la dictadura; • politización de los Consejos de fábrica haciendo de ellos la base de la preparación de los Consejos obreros (soviets); • ruptura completa con la socialdemocracia (tanto de derecha como de izquierda); • trabajo entre los desocupados; • movilización por la jornada de 8 horas; • propaganda entre los campesinos y obreros agrícolas, funcionarios, intelectuales y clases medias.

34 “Les tâches du KPD et la tâche du KPD” [Ibidem]. El artículo de Maslow expresaba las posiciones que fueron adoptadas en el Congreso del KPD de abril 1924 (en el cual la Izquierda obtuvo la mayoría absoluta).

35 “¿Pero cómo acordar la tarea de la organización de la revolución y el carácter del período en el cual nos encontramos? (…) La tarea es la organización de la revolución. El Partido comunista debe encabezar las luchas parciales porque quiere organizar la revolución. Debe encabezar las luchas parciales organizando la revolución. Debe organizar la revolución encabezando las luchas parciales.” Todo ello no era otra cosa que teorizar una especie de teoría de la ofensiva a nivel de cada una de las luchas inmediatas de la clase obrera. El artículo de Maslow continuaba reiterando hasta el absurdo estas mismas ideas “ofensivistas”.

36 Movimiento de raíces ultra-nacionalista y antisemita, con un importante arraigo social (en especial en el ámbito estudiantil). El nazismo se reclamaba también de esta ideología archí reaccionaria.

37 Bulletin Communiste, 25-4-1924.

38 Hablando en nombre de la comisión política del Congreso, Ruth Fischer afirmó que « Bordiga no ataca las tendencias y desviaciones de derecha, sino a la Internacional Comunista y a su Comité Ejecutivo. Busca las causas de las faltas del período transcurrido, no en las tendencias de derecha, sino en la política del Ejecutivo y en las decisiones del IV Congreso. Esto contradice por completo a los hechos». En una larga intervención, Thaelmann defendió todo lo actuado por el CEIC, y afirmó: « Zinóviev mismo ha comprobado que las decisiones del IV Congreso contienen pasajes poco claros. Pero es sostener a la derecha alemana pretender que ésta haya aplicado de una manera ortodoxa las decisiones tácticas de la Internacional. Al contrario, la derecha ha falseado el sentido revolucionario, comprensible para todo marxista, de la táctica y las decisiones de la Internacional » [V Congreso …, op.cit., pp.262 y 267].

39 “La politica dell’Internazionale”, L’Unità, 15-10-1925. La trayectoria ulterior de los dirigentes de la izquierda alemana (Fisher, Maslow, Thaelmann) justificará la desconfianza de Lenin, de Trotsky y de Bordiga hacia ellos, y el hecho de que no se haya dado ulteriormente la convergencia en la oposición al estalinismo de la Izquierda italiana con esa corriente.

40 Sin la presencia de Trotsky por enfermedad. Las actas de la reunión fueron publicadas en “Die Lehren der deutschen Ereignisse”, 1924. [http://ciml.250x.com/archive/events/german/hamburger_aufstand_1923/die_lehren_der_deutschen_ereignisse.pdf]

41 Brandler, Walcher y Clara Zetkin por la derecha; Remmele, Pieck y Kœnen por el centro; y Ruth Fischer, Thaelmann y König por la izquierda.

42 Degras, op.cit., pp.89-96 y Bulletin Communiste, 29-2-1924.

43 Además de la reiteración de las trilladas posiciones de los participantes de las distintas corrientes, los enfrentamientos durante las sesiones del Presídium estuvieron dominadas por la voluntad insistente de Zinóviev en descargar toda “la culpa” de la debacle sobre las espaldas personales de Radek y Brandler, en tanto que un combativo Radek acusaba a Zinóviev de querer rehuir sus enormes responsabilidades, en cuanto Presidente de la Internacional, buscando chivos expiatorios por razones extranjeras al asunto [Degras, op.cit., pp.86-89; Broué, op.cit., pp.787-792]. Lo que menos deseaba el Presidente de la Comintern era efectuar un análisis concienzudo, público y detallado de las causas de la debacle. Y no lo hizo porque para ello hubiera debido cuestionar abiertamente las orientaciones tácticas de la Internacional en el curso de los dos últimos años, lo que hubiera debilitado su autoridad y posición en la Dirección de la Comintern y en cuanto cabeza visible del Triunvirato secreto (junto a Stalin y Kámenev) en lucha por la Dirección del Partido bolchevique.

44 En caso de haberlo hecho, el KPD no hubiera tenido ningún « partener » para concretar esa consigna: incluso la socialdemocracia de izquierda en Sajonia se opuso a que el « gobierno obrero » de Zeigner fuese responsable ante la organización de los Comités de fábrica.

45 Este párrafo era una desmentida tajante de la afirmación del propio Zinóviev, quien en su serie de artículos sobre “Los problemas de la Revolución alemana” dejaba abierta esa posibilidad: “Puede suceder que los socialdemócratas de izquierda jueguen en la historia de la revolución alemana un papel análogo a la de los socialistas revolucionarios de izquierda en la revolución rusa, es decir, que recorran un trecho del camino con los comunistas, para luego pasarse al campo de la contrarrevolución” [Bulletin Communiste, 8-11-1923].

46 “Desde el inicio de su participación en el Gobierno, los comunistas debían denunciar la duplicidad de Zeigner, sus negociaciones entre bastidores con los dictadores militares y el espíritu contrarrevolucionario de los líderes socialdemócratas de izquierda.”

47 Las Tesis van hasta afirmar que “El sucesor legal del gobierno revolucionario (¡sic!) Scheidemann-Hasse es el general fascista von Seeckt”. Caracterizar como “revolucionario” al Gobierno Scheidemann-Hasse de 1919 era como calificar a la República democrático-burguesa de Weimar de “revolucionaria”, y tildar al general von Seeckt de fascista era eximir a la democracia burguesa de sus funciones totalitarias.

48 “[Los] jefes de la socialdemocracia de izquierda son todavía más peligrosos que los de derecha: ellos simbolizan la última ilusión de los obreros engañados, ellos son la última hoja de parra tras la cual se esconde la vergonzosa política contrarrevolucionaria de Severing, de Noske y de Ebert. El Partido comunista alemán rehúsa entrar en negociaciones, cualquieras sean, no solamente con el Comité central del Partido socialdemócrata, sino también con los jefes de la izquierda hasta tanto no tengan el coraje de romper abiertamente con la banda de contrarrevolucionarios que se instaló en el Comité central de su Partido.” Esta posición reiterativa y constante del comunismo alemán y del CEIC podría ser calificada como el producto de una neurosis de destino. En psicología, la « neurosis de destino » designa una forma de existencia caracterizada por el retorno periódico de las mismas concatenaciones de acontecimientos, generalmente desgraciados, concatenaciones a las cuales parece hallarse sometido el sujeto como a una fatalidad exterior. El psicoanálisis considera que ese comportamiento es el producto de una compulsión a la repetición.

49 De 267.000 militantes en septiembre 1923, sólo quedaban 121.400 en abril 1924 [Broué, op.cit., p.793]. En el V Congreso, Clara Zetkin pudo afirmar que en «[estos] últimos meses las huelgas han proliferado como nunca. ¿En dónde ha estado el Partido a la cabeza del movimiento? Sólo en Alta Silesia. Como consecuencia de la pasividad o, por lo menos, de la insuficiente actividad del Partido, las masas han vuelto a caer bajo la conducción de Ámsterdam. Hemos podido advertirlo después de las elecciones de los Consejos de empresa y delegados sindicales. Hemos sufrido importantes pérdidas frente a la consolidación de la socialdemocracia». [Sesión del 24-6-1924]

50 Bulletin Communiste, 22-2-1924. En esta Conferencia tuvo lugar el enfrentamiento crítico entre la troika (y sus partidarios) contra la Oposición bolchevique, con la derrota de esta última [Cf. Broué, « El Partido bolchevique », §XIX y §XIII; https://www.marxists.org/espanol/broue/1962/partido_bolchevique.htm]

51 Pravda, 20-1-1924.

52 Zinóviev esgrimió el argumento, inverosímil en boca de un marxista, que el nombramiento de Brandler en la Cancillería del Estado burgués de Sajonia hubiera debido dar al Partido comunista el control de la policía y de todas las administraciones del Land; y acusó a los “camaradas ministros” por no haberlo obtenido, y de haber obrado no como revolucionarios, sino como miembros ordinarios de un gobierno de coalición.

53 El 2 de noviembre, días después de la retirada sin combate, Zinóviev haba escrito que “[la] retirada fue absolutamente necesaria, no sólo como consecuencia de los errores y la debilidad del Partido, sino también a causa de la debilidad de la clase trabajadora.” [E. H. Carr, op.cit., p.242)

54 “V Congreso de la Internacional Comunista, Primera parte”, Cuadernos de Pasado y Presente, 1975, pp.77-78.

55Simplemente deseamos mejorar las fórmulas exageradas, imprudentes y falsas que Radek logró meter en las resoluciones del IV Congreso. Queremos proceder de tal modo que no se pueda ya utilizar estos textos a tontas y locas. Queremos proporcionar una fórmula que resulte clara para todos.” Y, más adelante: “La resolución del IV Congreso era justa. Muchos pasajes de ella son, incluso, excelentes. Muchas de las predicciones que ella contiene se han verificado. Pero había que ver [en ella] una maniobra estratégica, y no construir encima toda una teoría “democrática” y declarar que tendremos que atravesar toda una época con gobiernos compuestos por comunistas y por “todos” los partidos obreros y hasta campesinos dentro del marco de la “democracia” [Sesión del 19-6-1924]. Clara Zetkin no tuvo dificultad en replicarle: «Zinóviev ha comentado las decisiones del IV Congreso como un exegeta de la Biblia o de los Evangelios. (…) Las resoluciones del IV Congreso deben prescindir de explicaciones o interpretaciones. Si no son suficientes, se las debe cambiar. Si controvertimos para saber qué ha redactado Zinóviev solo y qué ha redactado con Radek, y de qué manera comprender tal o cual pasaje, habrá que reconocerles a otros camaradas el derecho de interpretar también a su manera las decisiones» [XI Sesión del 24-6-1924].

56 Zinóviev estuvo obligado a reconocerlo: « ¿Acaso tenía Lenin la intención de (…) entrar en un gobierno de “todos” los partidos obreros, o en un gobierno de todos los partidos obreros y campesinos ? Por nada del mundo ». [“V Congreso …”, op.cit., p.73].

57 Ello será el equivalente en el ámbito internacional del intento de asfixiar en Rusia la voz de las Oposiciones contra la burocratización creciente del Partido bolchevique.

58 Esto no quieta que la Izquierda italiana misma no pudo proponer y poner en práctica tácticas capaces de obtener esos objetivos.

59 “[Bajo ciertas condiciones], escribe Trotsky, la entrada de los comunistas en una coalición con un partido esencialmente pequeño burgués que aún conserva la lealtad de una parte de los trabajadores y campesinos es una iniciativa que, aunque oportunista en apariencia, es esencialmente revolucionaria. (…) Nosotros lanzamos la consigna de frente único y los trabajadores socialdemócratas, especialmente en Sajonia, exigen que se aplique. Bajo su presión, estos socialdemócratas de izquierda, la mayoría de los cuales son artículos de dudosa calidad, se han visto sin embargo obligados a entrar en un frente único, un bloque para formar gobiernos de coalición en Sajonia y Turingia. (….) [La] formación misma de un gobierno de coalición en Sajonia es un golpe mortal para la socialdemocracia alemana. (…) Todos ustedes conocen muy bien el profundo apego que siente un trabajador por la organización que fue la primera en despertarlo, en formarlo y en organizarlo, convirtiéndolo en un ser consciente. Este sentimiento de un vínculo íntimo los trabajadores alemanes lo tienen en relación con el Partido socialdemócrata. Este partido los traicionó, pero (…) en el pasado, bajo los Hohenzollern, los educó y esclareció, y es muy difícil para los trabajadores romper con él, incluso para aquellos que saben que su partido está en un mal camino. (…) [Y] ahora resulta que no es necesario que tomen este giro tan abruptamente. (…) Y los trabajadores ven que los comunistas (que los socialdemócratas han denunciado como un partido que significa la ruina de Alemania y de la clase obrera alemana, un partido con el que no se puede tener nada en común, cuyos miembros son vasallos de Rusia, etc.) están una región dada de Alemania con los trabajadores socialdemócratas en el mismo Gobierno y en las mismas Centurias combatientes. El muro que la socialdemocracia ha construido y consolidado con celo entre ella y los trabajadores comunistas ha sido demolido (…). Cuando no adhieren al Partido comunista, están ideológicamente ligados a él, y cuando se unen a él lo apoyan plenamente. (…). Durante la primera semana del mes en curso, en la ciudad sajona de Chemnitz (…), sesenta Comités de fábrica formados por socialdemócratas se unieron al Partido comunista. En Berlín-Brandeburgo, en todo el país, la influencia del Partido comunista ha crecido enormemente en las últimas semanas. En cuanto a la socialdemocracia sajona, las noticias de hoy dicen que la organización socialdemócrata en Sajonia (…) se está desmoronando. (…) Políticamente, el resultado de la coalición es brillante para nosotros”. [Cahiers Léon Trotsky, n°55 (marzo 1995), pp.44-45; https://www.marxists.org/francais/clt/1991-1995/CLT55-Mar-1995.pdf]

60 Esto implicaba una corrección a posteriori de su afirmación del 20-10 de que la formación del gobierno de coalición había sido un “éxito político colosal” desde el punto de vista revolucionario.

61 Bordiga, “La politica dell’Internazionale”, L’Unità, 15-10-1925.

62 Aquí reproducimos largos párrafos de este discurso que fue pronunciado ante el V Congreso Sindical de Trabajadores Médicos y Veterinarios de Rusia. [www.marxists.org/espanol/trotsky/1924/19240621.htm]

63 Trotsky hace aquí implícitamente referencia no sólo a Zinóviev y a Kámenev (quienes se opusieron a la decisión de insurrección en Octubre 1917), sino también a la Zentrale del KPD y a la izquierda “ofensivista” de este mismo Partido.

64 Trotsky, “Lecciones de Octubre”, 1924. [https://www.marxists.org/espanol/trotsky/em/rev-arm/volumen1-1918.pdf]

65 Observemos que Trotsky sólo reprocha esas faltas a la Dirección del KPD y no al CEIC (cosa que sí había hecho en su conversación con Bordiga), lo que podría explicarse por su difícil situación como consecuencia de la lucha de tendencias en el Partido bolchevique.

66 En particular en sus “Lecciones de Octubre”.

67 “En estos tiempos se ha hablado y escrito con frecuencia respecto a la necesidad de «bolchevizar» a la Internacional Comunista. Se trata, en efecto, de una tarea urgente, indispensable, cuya proclamada necesidad se hace sentir de modo más imperioso aún después de las terribles lecciones que el año pasado nos diera en Bulgaria y en Alemania. El bolchevismo no es una doctrina, o no es sólo una doctrina, sino un sistema de educación revolucionaria para llevar a cabo la Revolución proletaria. ¿Qué significa bolchevizar a los partidos comunistas? Significa educarlos y seleccionar en su seno un equipo dirigente, de modo que no flaqueen al llegar el momento de su Revolución de Octubre”.

68 http://www.international-communist-party.org/Italiano/Document/24VConIC.htm#XIII. Un resumen de esta intervención se encuentra en “V Congreso de la Internacional Comunista, Primera parte”, op.cit., p.165.

69 Fue el caso de Ruth Fisher y de Thaelmann: “En la práctica, la Izquierda italiana defiende las concepciones profesadas por el ala derecha de la Internacional”. En apoyo de esta tesis absurda, Zinóviev blandió afirmaciones inauditas como la siguiente: “Ya veis a Bordiga junto a Radek. Se ponen de acuerdo para pretender que queremos revisar la táctica del IV Congreso. Los extremos se tocan. La extrema izquierda coincide a menudo con la extrema derecha”. [“V Congreso de la Internacional Comunista, Primera parte”, op.cit., pp.262, 264, 205]


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